18.3.06

Cuando James Bond deja de ser James Bond


A través de decenios (de años y de filmes) las historias de James Bond mantienen el mismo esquema. Siempre es un absoluto desconocido, excepto para el Servicio Secreto de Su Majestad. Nadie lo conoce fuera de su agencia.
Agrupa en torno de sí todos los íconos de la masculinidad de masas: automóvil último modelo full equipo, tecnología inimaginable para un ciudadano común, arrojo temerario, destreza en todas las formas de lucha y en el uso de todas las armas, seducción garantizada de cuanta chica guapa se cruce por su camino. Arrogante y jactancioso. Es el héroe a escala humana, el que no está atado a ningún rígido código ético salvo el de su supervivencia, el que no desperdicia ningún instante que le pueda reportar hedonismo ni incremento de su egolatría.
Y filme tras filme, la secuencia de seducción de la "chica Bond" se mantiene: todo su arsenal está dispuesto para finalizar en la escena de alcoba a media luz. Hasta ahí James Bond es el seductor por antonomasia.
Sin embargo, la escena siguiente también se repite en cada filme. El alba sorprende a Bond tanteando el lecho y, con desconcierto, buscando a su pareja. Pareciera no recordar quién ha estado con él. Pareciera no saber qué hace en ese lugar. Pareciera no saber cuál es su propia identidad. James Bond deja de ser James Bond. Está sin armas, sin tecnología, sin ropa y sin arrogancia.
El momento es breve. Por lo general algún ruido sospechoso lo hace despabilarse del todo, incorporarse brúscamente y tomar el arma que guarda bajo su almohada. Y todo vuelve a ser como antes, y el héroe ya está dispuesto para continuar la misión que le ha sido encomendada. Y volvemos a reconocer al Agente Secreto que, al menos por un momento, fue secreto incluso para sí mismo.

23.2.06

En busca de Proust


“En Busca del Tiempo Perdido" es un libro que todo psiquiatra debiera leer
(Dr Mario Gomberoff, Maestro de la Psiquiatría Chilena 2005)


Estas palabras, oídas en alguno de los seminarios del Profesor Gomberoff el año 2002, quedaron dando vueltas en mi cabeza. Su convicción resonó en mi espíritu de lector empedernido. Pero el tiempo, aquel escurridizo término, aún tenía cosas que mostrarme.

1. La búsqueda
A fines del 2003 y abrumado por una insostenible inestabilidad afectiva, mi búsqueda de un terreno firme me llevaba por múltiples caminos. Busqué el poder iniciar un proceso de psicoterapia, muchas decisiones importantes me agobiaban, y necesitaba canalizar, o si prefieren sublimar, mi angustia de aquel entonces.
Dos proyectos obsesivos surgieron en mí. El primero, recoger el pañuelo arrojado por el Profesor un año atrás, y leer de corrido los 7 tomos de Proust. El título era más que apropiado a mi estado anímico, no dejaba margen de duda acerca de cual era mi objetivo de ese momento: nada más y nada menos que encontrar el tiempo (mi tiempo) perdido. El segundo proyecto tenía un cariz similar: leer en orden cronológico la obra narrativa de Henry Miller, una forma de sublimación que, suponía yo, tenía más que ver con mi situación de vida de esos días.
Finalmente mi decisión recayó en Miller, y arremetí contra sus Trópicos, emborrachándome en sus disquisiciones sobre la obra artística, sobre el deseo, sobre la vida cotidiana y sus sorprendentes giros… Pero la industria editorial no acompañó mi decisión, y con desolación me vi privado del resto de sus novelas, que ya llevaban varios años sin editarse. Deambulé por librerías de viejos, por el Bio-bio, llamé a antiguos amigos sólo para enterarme del extravío de sus libros en manos de inescrupulosos lectores que no devuelven lo que se les ha prestado… Algo ocurría. La terapeuta a la cual luego de una gran búsqueda había arribado, me anunciaba que no podría iniciar un proceso de terapia conmigo hasta Marzo del 2004. Mi vida sufrió otros grande cambios, que son parte de otra historia… Mi intento por aferrarme a una estabilidad externa había fracasado. Sin duda mi sagaz Profesor hubiera dado más de una acertada interpretación a lo ocurrido, de haberse enterado.

2. Proust
Pero el péndulo vital volvía a acercarme al extraviado centro. La anhelada estabilidad apareció de formas insospechadas, resolví arrastrados conflictos, inicié mi terapia… lo que no cambió fue la realidad editorial, ya que Miller seguía “descontinuado”.
Corría Agosto del 2004 y el proyecto de leer a Proust volvió a rondar en mí. Pero la experiencia con Miller me hizo ser más precavido (y obsesivo). Busqué las ediciones que estuvieran en reimpresión, y que tuvieran cierto stock en librerías. No quería un collage de libros, quería los 7 tomos de la misma editorial, con la misma edición y traducción… y la encontré. El primer día de Septiembre comencé la lectura de la monumental obra.
Fueron 14 meses y 3738 páginas repartidas en los 7 tomos. Contra el mal augurio de muchos, persistí en mi lectura mes tras mes. Desfilaron ante mí y los libros turnos, fines de rotaciones, fin de beca, vacaciones, traslados a provincia, examen de beca… El camino estaba trazado y yo sólo debía seguirlo. Eso sí, con una buena cuota de perseverancia.
El libro arranca de forma cautivante: la fina disección de los recuerdos, evocados en sus distintos componentes, en sus sensaciones y percepciones, puesto al lado de la fragilidad de nuestra memoria y de la caprichosa manera en que nos presenta estos recuerdos. Fue un suave pero ineludible torbellino que me llevó al interior mismo de la experiencia humana, de mi propia experiencia cotidiana. Un cuestionamiento a mi sensación de individualidad, un signo interrogatorio a aquella forma de pensar y sentir que consideraba tan propia y particular mía. Ahí estaba Proust describiendo obsesivas rumiaciones, sentimientos de culpa, abordando a fondo la estructura del deseo, deteniéndose interminablemente en un mismo tema, una y otra vez, sin lograr agotarlo.
En un principio intenté tomar nota de los pasajes por los cuales transcurría la obra, una suerte de hoja de ruta personal de esta aventura que emprendía. Pero era tanto lo que anotaba, que opté por introducir pequeños PostIt en los pasajes relevantes… hasta que se acabaron. Finalmente, eran tantas las notas que hubiera querido tomar, tantos los lugares a destacar, que me rendí a la lectura abandonando la obsesión.
El intento de Proust de entregar un relato que abarque toda una vida exige calma. Tal como en la vida, hay momentos memorables y otros que podemos sentir como simple relleno. Relato y variaciones del relato y variaciones de las variaciones del relato… no por nada “Las mil y una noches” aparece mencionada en varias partes del texto. Como un entrañable amigo, Proust cautiva, entretiene, agobia con sus cavilaciones, se vuelve detestable por momentos… tal como nosotros mismos en nuestras cotidianas reflexiones.
Sin apelar a ninguna teoría psicológica desde el punto de vista de un experto, es capaz de dar profundas descripciones del deseo, de los celos, de la construcción de la realidad, del mundo intersubjetivo, de la inseparabilidad del artista con su obra de arte. Y de la inseparabilidad de nuestro mundo subjetivo y lo que definimos como “real”: casi, por momentos, como un moderno representante de las ciencias cognitivas… ¡si hasta llega a plantear la discontinuidad del “yo” a lo largo de la vida!
Y ya sobre el final, hace una maravillosa reconstrucción de su obra (y de su vida), da una nueva mirada a los momentos más significativos, y hace cobrar todo el valor que no vió en su momento a aquellos que sólo desde la experiencia se logran sopesar correctamente. No por nada Raoul Ruiz escogió este tomo para su hermosa película.

3. El cierre de la Gestalt: La vuelta a Miller
Al finalizar el último tomo, y con una confusa mezcla de sensaciones en el cuerpo, quise decantar la experiencia. Me marginé de la lectura formal, y sólo al cabo de 2 semanas me dispuse a buscar un nuevo libro que leer. Me encontré en un estante con las “Cartas a Anais Nin” de Henry Miller, y me pareció adecuado el formato de “carta” para retomar la lectura. Así sólo leía breves páginas por vez, sin una trama prestablecida, podía intercalar otros textos… Pero las primeras páginas me deparaban un insospechado hallazgo.
Durante 1932, época en que escribía “Trópico de Cáncer” y enviaba cartas a su nueva amada, Miller devoró “En busca del tiempo perdido”, y las impresiones que le causó su lectura eran tema de varias de las cartas a su amiga escritora. Su asombro era similar al mío ante la obra de Proust: también sentía esa profunda interpelación a lo que consideramos “nuestra vida”, a la vez que sentía plasmado en el libro una forma de sentir que consideraba como propia de su ser.
¿Era esto lo que al Profesor Gomberoff le llevaba a recomendar la lectura de Proust? ¿Esta sensación de que no somos tan únicos como pensamos, que en términos generales el “mundo interno” se rige por los mismos patrones de un individuo a otro, incluso en aquello que consideramos como más propio? Difícil saberlo sin preguntárselo.
De cualquier manera, vaya a través de estas líneas mi agradecimiento al Profesor por haberme inducido a tan sorprendente lectura. Por cierto que me sumo a su recomendación.

(Artículo originalmente publicado en el Nº 1 de "Laxitud 33", órgano oficial de la Asociación Libre de Becados de Psiquiatría, Diciembre 2005).
"Una imagen de Proust" por Walter Benjamin

28.1.06

Dream Anatomy


La relación del hombre con su cuerpo es un tema universal, que por milenios ha sido problematizado de diversas maneras por distintas culturas. Nuestros ancestros culturales más directos, los griegos y romanos,abordaban este tema tanto desde la filosofía como desde la medicina, a través de una serie de indicaciones y consejos acerca de como "administrarnos" a nosotros mismos; y es que para ellos el cuerpo era el asiento del intelecto, de la razón, del alma, y como tal tenía que estar a la altura de tan precioso don alojado en él.

Si bien en esa época había ya un interés por la materialidad del cuerpo y su organización, no es sino hasta el siglo XV cuando el avance en las técnicas de impresión de imágenes y nuevas tecnologías gráficas permiten que este tópico cobre un renovado vigor. Desde el afán universalista de Da Vinci y el afán anatomista de Vesalio, una serie de nuevas investigaciones se despliega hasta nuestros días.

El método de la disección, la observación directa del cuerpo humano en el cadáver cuidadosamente explorado, fue foco de renovadas prohibiciones sobre todo desde el mundo eclesiástico. Por este motivo, muchas de las investigaciones fueron llevadas a cabo en secreto, y se recurrió a los artistas para que graficaran estos hallazgos. El resultado fue un gran número de imágenes obtenidas de la realidad que se fusionaron con elaboradas imágenes surgidas del "imaginario" de su época.

De allí el título de Dream Anatomy que tiene esta interesante recopilación de ilustraciones, acompañada de un discreto análisis histórico. Y es que el verdadero peso, la verdadera llave de acceso a este imaginario, son las imágenes mismas.

Dream Anatomy es una iniciativa del NIH (National Institutes of Health)
Un análisis más acabado sobre la relación del hombre con su cuerpo en las culturas griega y romana se encuentra en la Historia de la Sexualidad de Michel Foucault, tomos 2 y 3 respectivamente.

21.1.06

Detectives Salvajes


Estoy leyendo esta buenísima novela de Roberto Bolaño (nada que ver con Chespirito, como pensó en su momento una fémina). Su primera parte es en lo formal una novela de iniciación adolescente: rebelión contra la autoridad familiar, rebelión contra la autoridad social, rebelión contra los convencionalismos culturales, iniciación sexual...

Sin embargo, de algún modo que no tengo muy claro, tal vez a nivel emocional, me recuerda a Sobre Héroes y Tumbas de Ernesto Sábato... aunque no hay muchos puntos en común desde la historia narrada. Tal vez tenga que ver con la sordidez de algunos personajes, sobretodo los femeninos...

14.1.06

Coffee & Cigarettes


A Vallenar es poco el cine que llega. La gran mayoría de las veces películas infantiles o "todo espectador", que cumplan el requisisto de "entretención para toda la familia" para las matinés de los fines de semana (no todos, por cierto; tal vez 2 en el mes). El cine-teatro-centro cultural local tiene un cierto parecido al añorado Normandie, con su platea alta en desuso, sus butacas de madera con revestimiento de tevinil, su sonido de transistor viejo...

Así que en mi último viaje a Santiago aproveché para ir al Cine Arte Alameda a ver la última película estrenada en Chile de Jim Jarmusch, Coffee & Cigarettes. Grande fue mi sorpresa al ver que un joven subía al escenario premunido de un control remoto, apuntaba al techo y prendía el DataShow que colgaba casi sobre mi cabeza. A pantalla completa apareció el Menú del DVD, activaron Subtítulos: Español, y comenzó la función. Confieso que no lo esperaba así...

La película es una sucesión de 11 cortos, algunos filmados por Jarmusch hace bastantes años, y que finalmente fueron reunidos y lanzados como película el 2003. Cada corto tiene 2 o 3 personajes, muchos de ellos conocidos actores o músicos que se interpretan a sí mismos compartiendo café (o té en una ocasión) y cigarrillos. Historias breves, en las cuales nada trascendental sucede, con el gusto a una conversación de café sin ningún apuro...

El hilo temático lo constituye Nikola Tesla, aquel magnífico inventor de principios del siglo XX, y su teoría de que el mundo es un gran resonador de sonidos. Así cada historia, desconectada de la otra en tiempo y espacio, repite ciertos pequeños elementos, o matices emocionales, o trozos de diálogos, consiguiendo una suerte de unidad temática evocada por la dupla de cafeína y nicotina.

Coffee & Cigarettes, dirigida por Jim Jarmusch, 2003
www.coffeeandcigarettesmovie.com

Más sobre Nikola Tesla en Wikipedia: Nikola Tesla

12.1.06

El debate Chomsky-Foucault


Esos sí que eran debates... El año 1971, un canal de televisión holandés transmitió este debate histórico.
Chomsky contaba con 43años, y se encontraba como profesor de Lenguaje y Lingüística Modernos en el MIT. Foucault, de 45 años, había sido recientemente nombrado profesor en el Collège de France de la cátedra Historia de los Sistemas de Pensamiento.

El debate constó de 2 partes, bajo el tema general de la "Naturaleza Humana".
En la primera se debatieron los principales postulados de cada uno en relación a la generación de nuevo conocimiento en el ámbito de la ciencia. El enfasis de Chomsky estaba en la estructura de la mente humana que permite el surgimiento de las teorías científicas, mientras que Foucault abogaba por las estructuras sociales, principalmente el poder y su relación con el sujeto, como condicionador de los "avances" de la ciencia desde el siglo XVII.
En la segunda parte, el debate giró hacia la política y su relación con el hombre y la sociedad.

Es decidor del espíritu de la época el tipo de intervenciones que tenía el moderador. Intentaba una suerte de debate de Norteamérica vs Europa, casi como si de la Guerra Fría se tratara. La gran mayoría de las veces, intentaba que los argumentos de ambos se plantearan como opuestos, y que se pudieran marcar claramente las diferencias y oposiciones entre ambos. Resulta claro que ambas posiciones y líneas de trabajo no son incompatibles, sino complementarias, y así lo dejan ver en varios momentos ambos pensadores.

La transcripción del debate (en inglés) se encuentra en Human Nature: Justice versus Power (Noam Chomsky debates with Michel Foucault)
(He buscado versión en español, pero solo he encontrado fragmentos).

Más sobre Chomsky en www.chomsky.info
Más sobre Foucault en foucault.info

7.1.06

El Maestro de Go


El Go es un milenario juego oriental que se desarrolla entre 2 contrincantes sobre un tablero de 19 x 19 líneas, usando fichas blancas y negras en forma alternada. Cultivado por la Corte Imperial y Monjes Budistas, el Go alcanzó su máximo esplendor al ser incorporado al entrenamiento de los samurais, quienes gobernaron en la práctica al Japón por 7 siglos, hasta 1868.

70 años después, Yasunari Kawabata (Premio Nobel de Literatura 1968) fue enviado por un periódico de Tokio a cubrir el último campeonato del Maestro Shusai Honnimbo. Corría el año 1938, y durante los cerca de 7 meses que duró la partida, Kawabata escribió las 64 entregas que aparecieron en el periódico, y que permitían seguir el torneo desde todo el país. Posteriormente convirtió este material en una novela, pero manteniendo inalterable la "crónica fiel" que le había sido encomendada.

El relato va mucho más allá del mero reporte de un juego. Está centrado en la dramática confrontación entre la tradición y la modernidad, encarnada en Shusai y Otake respectivamente. La tradición había hecho del Go una forma de vida, y al Maestro una encarnación de valores e ideales a los cuales se le debía respeto y veneración. Los nuevos tiempos traían una renovación, con torneos normados más allá de lo que ocurría en el tablero, con jugadores profesionales que competían "para algo" (un título, un premio) y no "por algo". Una renovación que conducía a un juego que lentamente se desencarnaba de su jugador.

Como en otros textos de Kawabata, los capítulos del libro a menudo no siguen un orden cronológico. Muchos se cierran sobre sí mismos, y abordan un tema o un aspecto del relato desde muchos momentos distintos de la temporalidad de lo narrado. Capa sobre capa, y sin ninguna prisa, nos conduce al momento en que una tradición es desafiada y derrotada irremediablemente.

Fragmentos

"Había sido un observador pasivo de las disputas en Hakone y las que siguieron. No eran asunto mío, y yo no había emitido mi opinión. Aun ahora no me pedía un consejo. Sólo me informaba de su decisión. Sentado a su lado y al escuchar sus tribulaciónes, sin embargo, sentí por primera vez que debía hablar, y que además podía ofrecer mis servicios como mediador.
Hablé con osadía. Dije que, como desafiante en este último juego del Maestro, él peleaba por un lado en un combate individual, pero que también peleaba en una batalla más vasta. Que era el representante del nuevo día. Que estaba inmerso en las corrientes de la historia. (...)"

"El Maestro había colocado el juego a nivel de obra de arte. Era como si la tarea, semejante a una pintura, hubiera sido manchada en el momento de mayor tensión. Ese juego de negro contra blanco, de blanco contra negro, tenía el designio y las formas de una creación artística. Tenía el vuelo del espíritu y la armonía de la música. Todo se desvirtuaba si sonaba una nota en falso, o si una parte del dueto repentínamente se salía de la forma y entraba en un excéntrico desarrollo propio. La obra maestra de un juego podía arruinarse por la insensibilidad de sentimientos de un adversario. (...)"

"El Maestro de Go", Yasunari Kawabata
Emecé Editores S.A., Buenos Aires, 2004

Sobre el Go
Asociación Chilena de Go www.igochile.cl
Asociación Argentina de Go www.go.org.ar

2.1.06

Franjas de Cielo

(Durante el año 2004, se desarrolló un Taller de Narrativa para Psiquiatras al alero de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía de Chile. El presente texto fue concebido al finalizar dicho Taller).

Parto de la imagen de un libro de Paul Auster. Un hombre ha decidido abandonarse a su locura, a su identidad en fuga. Se refugia en un callejón sin salida de Nueva York. Postrado entre los contenedores de basura, su única referencia del paso del tiempo son los cambios de luminosidad en la franja de cielo que divisa más allá de los rascacielos. No hay hombres, no hay días. Sólo rostros de espejismo a la distancia.

Puede que la descripción que Auster da en su libro no coincida con mi recuerdo, pero esa franja de cielo me lleva a otra, captada por una cámara de video. Un hombre en el lado izquierdo de la imagen mira despreocupadamente hacia arriba. Un edificio al lado derecho muestra en uno de sus costados la silueta de un avión. La imagen tiembla, el hombre se sobresalta. Tal vez grita. La franja de cielo más allá de los rascacielos comienza a oscurecerse con un tono rojizo. No hay rostros. Tampoco espejismos.

Cuando esas imágenes se grabaron en mi memoria, aún no tenía la costumbre de mirar al cielo. He de reconocer que fue un hábito tardío.

Primero fue la búsqueda de gárgolas y otros animalejos similares, esculpidos en las cornisas del barrio antiguo. Miradas pétreas que en ocasiones se cruzaban con la mía, develándome el estático paso de las sombras por sus cuencas de granito. Esas nunca pudieron mirar al cielo.

Pero yo admiraba a las otras, a las que sólo contaban con las nubes para interrumpir su incesante escrutinio del infinito. Acaso creía encontrar en ellas cierta transfiguración de mi odio a lo cotidiano, a ese ineludible enfrentamiento día a día con mi monótono andar. Cuando el desprecio se apoderaba de mí, intentaba vaciar mi mirada y dirigirla hacia la altura.

Se comprende así que mi segunda adquisición fuese el hábito de mirar al cielo desde la altura. Las azoteas de los edificios eran mi refugio cada vez con mayor frecuencia. Desde allí la franja de cielo se ampliaba, hacia los lados, pero también hacia arriba. Era como si mi mirada fuera capaz de abarcar cada vez hasta mayor altura. Sentía que alcanzaba la nitidez azulosa de ese vacío lleno de significados que se abría ante mí.

Compadecía al personaje del libro de Auster, por su imposibilidad de ver más que una mera franja de cielo. Pero más intensamente que la compasión sentía un profundo desprecio por su voluntario abandono, por su mendigar carente de virtud, por su ascetismo sin fundamento.

Desde entonces mucho tiempo ha pasado. Gárgolas, libros, azoteas, imágenes televisivas.

Hoy, mientras este dolor en mi espalda me paraliza lentamente, aún logro ver una franja de cielo. Reflejada en el charco frente a mi cara, va oscureciéndose con un tono rojizo que borra su fondo de piedra insondable.

(Texto publicado en el Nº 2 de "Laxitud 33", órgano oficial de la Asociación Libre de Becados de Psiquiatría, Abril 2006).

21.12.05

Kokinwakashu (poesia clasica japonesa)


El «Kokinwakashu», comúnmente abreviado como «Kokinshu», es una antología de 1.111 poemas compilada por orden imperial en la capital Heian (Kioto) a comienzos del siglo X.
La "poesía japonesa" (waka) a la cual se refiere el título, es una forma poética de 31 sílabas divididas en 5 "medidas" (ku), con un patrón de 5, 7, 5, 7 y 7 sílabas, que se practicaba en la corte imperial y en círculos aristocráticos en las provincias.
Durante más de mil años, desde el tiempo de su recopilación hasta principios del siglo XX, el «Kokinshū» ha sido el clásico por excelencia de la poesía japonesa y ha servido de inspiración tanto a poetas como a escritores de narrativa. En particular, el tema principal del «Kokinshū»—la dialéctica entre el carácter transitorio de las estaciones y su naturaleza cíclica—se convertiría en la base de todo lo que consideramos hoy en día literatura clásica japonesa.

Poema 41
Noche de primavera,
su oscuridad es inútil:
si bien oculta el color
de las flores del ciruelo
¿acaso esconde su perfume?

haru no yo no
yami wa aya nashi
mume no hana
iro koso miene
ka ya wa kakururu

Poesía Clásica Japonesa (Kokinwakashu)
Traducción de Torquil Duthie
Editorial Trotta, Madrid, 2005
www.trotta.es/Shop/TT_detalle.asp?idLibros=902

En Chile, en la Librería "Metales Pesados" en Santiago
www.metalespesados.cl

13.12.05

La creación

He sucumbido a esta tecnologizada influencia.
Espero me acompañen la imaginación y el buen gusto a la hora de derramar mis opiniones en este lugar.
Mensajes arrojados al vacío digital, en espera de ser recuperados...