Lo reconozco, tengo un gran prejuicio con el periodismo. Lo tengo atravesado.
En concreto, con el uso (abuso, maluso) del lenguaje que hacen algunos periodistas, con dudosas intenciones (a mi parecer, no muy santas).
Ejemplo: 24 Horas Central del domingo 23 partió con la nota de "Hugo Chavez y las negligencias en su programa de ayuda médica". Venezuela ofreció un operativo médico, de tratamiento oftalmológico, no me quedó claro si a bajo costo o gratuito. Una compatriota fue a operarse de catarata, y volvió sin visión. Acá en Chile le habían dicho que las opciones de su cirugía eran un 50% quedar bien y un 50% quedar igual.
O sea, el oftalmólogo venezolano la habría operado mal. ¿Y qué carajo tiene que ver Hugo Chávez con eso? ¿Operó él? ¿Tiene conocimientos técnicos de oftalmología para haber dicho "no la opere, es riesgoso"?
Si alguno de los médicos chilenos que forman parte de la misión en Haití se manda un condoro ¿van a culpar a la Presidenta Bachelet? ¿O al Senado, que autorizó la permanencia de la misión?
Nuestra falta de cultura cívica nos puede llevar a estos excesos, que para mí llegan a ser brutalidades. ¿El último responsable de todo es el Presidente? Por favor.
Y todo esto dentro de un contexto general de crítica al comportamiento de Bachelet en la Cumbre Mercosur, donde Chávez y otros la habrían pasado a llevar, o faltado el respeto. Raro el cuento del periodismo...
1. f. Conjunto de raíces de los vegetales, unidas y trabadas entre sí. 2. f. Conjunto de antecedentes, intereses, hábitos o afectos que hacen firme y estable algo o que ligan a alguien a un sitio.
25.7.06
23.7.06
La Belleza del Domingo

Me costó creerlo, pero no tuve más alternativa. La evidencia fue más fuerte. Hoy a las 11:00 AM se iniciaba un nuevo ciclo de las conversaciones sin tiempo de Cristian Warken.
No voy a entrar a criticar o defender a Warken. Me tiene sin cuidado la polémica de que si lucra, de que si lo hace altruistamente, y un largo etc. Lo que agradezco profundamente es el espacio de diálogo que su programa abre. Un diálogo cálido, por momentos (muchos, tal vez) complaciente con su entrevistado. Warken señala, sugiere caminos, puntúa comentarios, cita a otros (con mayor o menor tino). Se disuelve en el fondo negro del estudio y deja que el entrevistado de turno aparezca, en todo su espesor, con todo lo que tiene que decir.
Los juicios, que queden a cargo del televidente. La discusión, que se genere en la casa. Un buen inicio del domingo. Un desayuno con una larga sobremesa de diálogo y debate.
A fin de cuentas, un bálsamo para el espíritu. Un programa que debiera ser de observación obligatoria en los colegios. Una buena forma de aprender a escuchar, para luego aprender a dialogar.
(El entrevistado de hoy, Alejandro Jodorowsky, es tema aparte).
Una Belleza Nueva (en Internet)
Alejandro Jodorowsky (idem)
18.7.06
Le Mat Diplomatique

El número de este mes de “Le Monde Diplomatique” incluye un breve dossier sobre el espinoso tema de la psiquiatría en su ambiguo rol de “protector”: ¿de la sociedad o de los enfermos mentales? Dos periodistas francófonos nos interiorizan en la realidad carcelario-psiquiátrica de Francia, y dos psiquiatras lo contextualizan a la realidad de Chile y Argentina respectivamente.
Tan peculiar unión, locura y crimen, o manicomio y cárcel es, por desgracia, antigua y arraigada. En una serie que transmite el canal Sony, una madre argumentaba: “Prefiero que esté en un manicomio a que termine en la cárcel”, en relación a un hijo con discapacidad mental a su cargo, y que estaba escapando a sus capacidades de control.
Francia tiene una larga historia de problematización de este tema. Desde la separación que llevó a cabo Pinel en Bicetre, señalando a los locos y distinguiéndolos de los recluídos por crímenes o atentados a la moral, hasta los trabajos de Foucault que advierten que una y otra vez se vuelven a anudar locura y crimen, no al nivel de lo realizado por los sujetos, sino en el nivel de un discurso institucionalizado que los reúne.
Una de las tesis de Foucault al respecto señala que la Psiquiatría alcanza su validación institucional al proponer una explicación causal a crímenes que no tienen ningún motivo explícito. ¿Cómo explicar un parricidio? ¿Qué lleva a Medea a asesinar a sus hijos? Locura transitoria. Una intensa emoción que subyuga la capacidad de juicio. Despecho, celos, envidia. ¿Por qué acuchillan a un sacerdote que acaba de efectuar una misa? Delirio paranoide. Esquizofrenia. De toda esta gente eventualmente peligrosa, de todos estos criminales en potencia, nos haremos cargo. Y en el siglo XIX eso significaba reclusión en un manicomio.
Pero en los más de 150 años que median, algunas cosas han cambiado, sobre todo en lo relativo al tratamiento psiquiátrico. Sin embargo, las leyes (escritas o “en espíritu”) no han corrido la misma suerte. Los peritajes que solicitan los juzgados nos siguen pidiendo un pronunciamiento acerca de la “peligrosidad” de determinado individuo. Y luego nos los envían para que tratemos las condiciones psiquiátricas o psicológicas que subyacen a la “conducta violenta” que manifiesta hacia su esposa o hijos, facilitada por su “consumo excesivo de alcohol”, así que de paso debemos tratarlos de eso “por un lapso no menor a 6 meses”. ¿Un juez determinando un tratamiento médico? Increíble, pero cierto.
El anudamiento es antiguo y complejo. Y como todo anudamiento, es confuso y enmarañado en sus hilos. Y difícil de deshacer.
Imágen: La carta "El Loco" ("Le Mat") de El Tarot de Marsella restaurado por Camoin&Jodorowsky
Le Monde Diplomatique (Edición Chilena)
11.7.06
Divinisimo superstar

En los últimos días se ha escrito uno de los capítulos más llamativos de la historia de la locura criolla. Su protagonista ha sido José Pizarro, también conocido como “el Loco del Carrito”, “el Bioquímico”, o como el gusta autodenominarse: “el Divino Anticristo”, o a veces simplemente “Isabelísima”. Los coprotagonistas han sido algo más anónimos que él, pero no por eso deben ser dejados sin mención: se trató en general de las personas que viven, trabajan, estudian o deambulan por el barrio Lastarria, y que pusieron la voz de alerta ante su súbita desaparición, en alguna incierta fecha de mayo o junio.
El Divino Anticristo es sin duda uno de los locos más emblemáticos de Santiago. Loco en el más amplio y antiguo concepto, con toda su carga de aceptación y exclusión. Un habitante marginal de la ciudad, pero de un margen tal vez demasiado próximo e interpelador. Trasgresor impune de las leyes de convivencia, ofensor del pudor con su transexuada vestimenta, misógino insultante de las “tipiquísimas”. Especie de reverso biotípico del Quijote, embestidor de micros amarillas y buses transantiago al mando de su enchulado carro de supermercado. Su vípera lengua se desata en presencia de un delantal blanco, su puño irascible se alza hacia las Torres San Borja: “Les voy a nombrar a los únicos médicos que valen: Ernesto Ché Guevara y Salvador Allende…”. Su desenfado le había ayudado a eludir por años a la amenazante “Internación Administrativa”.
Durante casi 10 años compartimos el nicho urbano del sector Portugal-Lastarria. Su venta de cachivaches esparcidos sobre un paño en la vereda abundaba en botellas de diferentes tipos (vacías, por cierto), libros usados, artículos de escritorio rescatados de la basura, prendas de vestir (íntimas y no tanto), maquetas “recicladas” de los estudiantes de arquitectura del barrio. Y por cierto sus escritos. O los escritos del Divino Anticristo, que es como están firmados. Desde hojas tamaño carta con el sugerente título de “¿Parece que no saben que es cierto que yo soy una mujerísima?” hasta revistas de artesanal encuadernación sobre “Con cuatro cohetes se solucionan las emergencias en helicóptero ta”. (Los helicópteros son otra fuente para sus deslenguados comentarios). En mi última visita a Santiago incluso creí divisar a la tenue luz del alumbrado público una “Antología del Divino Anticristo”, pero mis ojos me pueden haber jugado una mala pasada.
– ¿Por qué Divino Anticristo?
– Nietzche escribió el Anticristo porque ahí me anunciaba. Él es un escritor del pasado que escribió sobre mí en el futuro.
– O podría ser él el del futuro, y escribió porque supo de ti en el pasado. Con este asunto del eterno retorno…
– No – su mirada perpleja tenía un tinte de desprecio, mientras remarcaba sutilmente cada palabra –. Él era un escritor del pasado que anunciaba el futuro.
Fin de la conversación. Lo del tiempo relativo o los juegos lingüísticos no iban con la situación. Salí raudo con su “¿Parece que no saben que soy enciclopédico?” debajo del brazo.
El capítulo en cuestión comenzó (al menos para mí, a muchos kilómetros de distancia) con la entrada al blog de un biólogo de la Universidad Católica, que trabaja en Marcoleta con Portugal. Mostraba una foto del Divino Anticristo en la calle, con falda y pañuelo en la cabeza, y al lado una en la “Clínica Psiquiátrica Normita Fournet” (el nombre en sí ya resultaba surrealista: “normita”). Luego vinieron las menciones al artículo publicado en el The Clinic del 15 de junio, una nota en el decano de la farándula (LUN, 26 de junio), y una seguidilla de artículos en diversas páginas web y blogs, la gran mayoría relatando con estupefacción lo ocurrido y recibiendo infinidad de comentarios.
Su historia abunda en preguntas sin respuesta. Que si estudió en el Lastarria. Que si fue compañero de Schaulsohn. Que si se trastornó al incendiarse su casa. Que si fue herencia por línea paterna. Que si sus estudios de bioquímica hicieron que “se chalara”. O si fueron de letras, de ingeniería, de medicina, o de un largo etcétera.
Sobre su inofensividad no pongo las manos al fuego. Durante mi internado en la Posta Central, un médico me aseguraba haber atendido a una “tipiquísima” con un ladrillazo puesto en su occipucio, aderezado con una abundancia de improperios. Resultado: TEC cerrado. En otra ocasión recuerdo que se le imputaron varios pequeños incendios en los jardines del frontis de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Chile, por calle Portugal. Resultado: acoso de los guardias, que lo increpaban para que hiciera abandono de los jardines. Contra-resultado: improperios de vuelta y un críptico rallado con spray en el frontis:
Divino anticristo agente oficial del que vino.
Se visten de mujer no son Cantinflas. Las maricas valen mucho.
Alumnitos de la U discípulos de maricones ta.
Anticristo persona grata po.
Inexorable cachai.
Divino. El César ta puntitos rápidos.
Inprovistumpagcrashtapougclinlilinpunk.

Los blogs de quienes frecuentaban el Barrio Lastarria comenzaron a hablar de él, a poner sus fotos. Apareció un banner por allí, un blog “oficial” por allá liberenalanticristo.blogspot.com. Se convocaba a “La marcha de los pañuelos” para el sábado 1 de julio a mediodía, en Merced con Lastarria: todos con pañuelos en la cabeza, falda opcional. Su imagen, anteriormente fundida en el paisaje urbano, comenzaba a multiplicarse y divergir en muchos otros que de alguna manera lo reconocían como integrante de su entorno. Algunos ya habían ido con pancartas a la clínica, a manifestar su apoyo y a pedir su “libertad”.
La noche del 30 de junio, fue “dado de alta” por la división de la Municipalidad de Santiago que había gestionado su internación. Desconozco si habrá asistido a la marcha en su apoyo, o si habrá recibido el carro de supermercado que estaban solicitando para reponer el que le habían requisado. ¿Habrá vuelto con o sin máquina de escribir a la calle? Los que lo han visto dicen que volvió de pantalón y luciendo su incipiente calvicie. Con menos cachureos a la venta. Más limpio.
Los comentarios en la blogósfera fueron variados, pero sobre todo llamativos. Desde los que dudaban de lo inapropiado de su enclaustramiento, hasta los que abogaban por el respeto a su decisión de vivir como él lo hace. (¿Es la locura una “elección”? Parece que muchos piensan eso). Alguien se daba a conocer como “Ricardo”, su hermano, y agradecía la internación como una vía a la recuperación, que le permitiría a sus hijos por fin conocer al mítico “tío José”. Otros enrostraban a los defensores de la libertad su acomodada situación social que les permitía ver al Divino Anticristo como “pintoresco” y “decorativo” en un barrio. ¿Es respeto? ¿Es aceptación de la diferencia? ¿O es la necesidad de tener a alguien a quien señalar como “el otro”, “el distinto”, a fin de cuentas “el loco”?
20.6.06
El enigma

Su sonrisa se dibujaba tenue al contraluz. Sus pasos se grababan silenciosos en la tibia arena del atardecer, mientras avanzaba con la vista al frente, intentando atrapar aquel horizonte lejano.
¿Qué pensamientos evocaba? ¿Qué recuerdos inaccesibles de ocasos en otras arenas?
Mientras, yo me perdía en la ensoñación. Su figura recortada al aire, al sol tan cercano en esa tarde, al viento que ondulaba su largo pelo... que pronto dejaría de ser largo, una vez más.
"A veces siento que la gente que está conmigo sabe tan poco de mí, una mínima parte de lo que soy, de lo que hago, de lo que pienso..." Tus palabras me sonaron frescas, como si las estuviera oyendo por primera vez. Así, exactamente así, te sentía en ese momento: un enigma, hermoso como todo enigma, anidando la secreta y total comprensión de sí para quien supiera hallarla, para quien encontrara la oculta clave.
Me sonreí, y en complicidad con el rumor del oleaje, apreté el botón que me abría esa anhelada revelación.
16.6.06
El Espectador
Escarbando en la biblioteca he encontrado una serie de 6 libros bajo este nombre. No son actuales, pero iluminan la actualidad, la vida cotidiana. Es una serie de libros escritos por Ortega y Gasset desde el 1910, en los cuales reune artículos, ensayos y en general textos sobre diversas situaciones, experiencias o cuestionamientos. Sí, parece un blog, pero impreso y de hace una centuria atrás.
La claridad es su don. También la prosa ágil, el humor negro (bien dosificado), la crítica social y política a su entorno. A su "circunstancia", como el gustaba llamarla.
Es fácil encontrar en sus reflexiones la simiente del posmodernismo. Ya en el primer texto, en la sección "Confesiones del Espectador", plantea que la realidad es una, pero depende de la perspectiva del que la mira la descripción que de ella puede hacerse. El discurso, la anhelada "verdad", es inseparable del que habla.
Su lectura ha constituido en estos días invernales un verdadero placer para mi gélido cerebro. Ojalá comparta con tan ilustre tocayo algún gen de lucidez, de observación, de agudeza. Mientras tanto, sus textos iluminan mis tardes.
La claridad es su don. También la prosa ágil, el humor negro (bien dosificado), la crítica social y política a su entorno. A su "circunstancia", como el gustaba llamarla.
Es fácil encontrar en sus reflexiones la simiente del posmodernismo. Ya en el primer texto, en la sección "Confesiones del Espectador", plantea que la realidad es una, pero depende de la perspectiva del que la mira la descripción que de ella puede hacerse. El discurso, la anhelada "verdad", es inseparable del que habla.
Su lectura ha constituido en estos días invernales un verdadero placer para mi gélido cerebro. Ojalá comparta con tan ilustre tocayo algún gen de lucidez, de observación, de agudeza. Mientras tanto, sus textos iluminan mis tardes.
8.6.06
¿Y que paso con la bicicleta?

Corrían años turbulentos en Chile. Tal vez era el 84 u 85. Las protestas y paros estaban a la orden del día. La bullanza económica del dolar a 35 había quedado atrás. Había poca plata, y las cosas para muchos estaban duras.
En ese escenario, el Innombrable (o alguno de sus Sicarios) hace el gran anuncio: se entregarán bicicletas a los chilenos, servirán como medio de transporte gratuito, el sueldo mínimo cundirá más. (De paso el ciudadano se nos cansa pedaleando de ida y vuelta al trabajo, y ya no le queda energía para protestar, pero eso es algo agregado, no la esencia de la idea).
Idea por lo demás bien recibida y, oh, profundamente ecológica en un momento en que Santiago comenzaba a hacerse irrespirable.
Pero pasó el tiempo y las bicicletas no aparecieron por ningún lado. Y las protestas siguieron, y bueno, todo el resto es historia conocida.
Algunos años después, me recuerdo oyendo la vieja radio Sony negra, de un parlante, sintonizada en Radio Umbral. Y ahí estaba Florcita Motuda, recordando la oferta y lamentándose de su incumplimiento: "¿Y qué pasó con la bicicleta...?", cantaba mientras yo me reía de la triste anécdota, "... te echaste pa' trás..." increpaba al oferente desentendido del tema a esa altura, con muchas otras preocupaciones, entre otras un plebiscito que se venía encima...
Bicicletudos en Chile:
Arriba'e la Chancha (Ciclistas Urbanos)
Movimiento Furiosos Ciclistas
6.6.06
El dia de la bestia
23.5.06
Los discursos (ajenos) de los sueños

La conversación del domingo en la mañana derivó directamente de haber visto "El camino de los sueños" (Mulholland Drive) el sábado por la noche. La curiosidad por saber qué habían pensado otros sobre el filme me llevó a una página web en que los fans debaten y proponen teorías explicativas.
Es la segunda vez que veo la película. La primera vez rechacé el buscar una explicación "lógica" a la trama narrativa. Mi pregunta era "por qué", "para qué" encontrar una explicación, siendo que se sostiene a sí misma desde el lenguaje fílmico y visual. Esta vez pensé lo mismo, pero me intrigó el por qué muchos buscan darle una lectura desde la lógica; lectura que inevitablemente es una reinterpretación.
La conversación partía de la premisa de que la película tenía una estructura visual y narrativa de carácter "onírico". ¿Y en qué consiste esto? ¿Cómo llegamos a definir lo "onírico"? El discurso del sueño nos resulta inaccesible. Llegamos a él a través del recuerdo que tenemos por la mañana, y de la reconstrucción que hacemos de la infinidad de imágenes que conservamos (o que suponemos que conservamos). El relato no es el del sueño, sino que es el relato que nosotros hacemos del sueño. El discurso del sueño es un discurso prestado (por nosotros), le es ajeno, y por lo tanto puede ser tergiversado sin apelación. El sueño lo reconstruimos otorgándole elementos interpretativos propios.
¿Y cómo podemos llegar a catalogar algo de "onírico"? La conversación en ese punto se volvió más difusa, pero en grueso la idea era que en el sueño visualizamos situaciones que escapan a la lógica convencional sin que esto nos genere extrañeza (durante el soñar mismo, sí al despertar y recordarlo). Una persona puede ser 2 o 3 a la vez, y nosotros como si nada. Y por otra parte, lo visualizado en el momento no es contrastado con lo inmediatamente pasado (buscando una explicación) ni se usa para anticipar lo venidero (haciendo una predicción). Se podría decir que el sueño es la vivencia más perfecta del aquí y ahora, de una total sintonía emocional con lo que nos está ocurriendo. La gran mayoría de las veces no intentamos modificar lo que está ocurriendo, sino que nos limitamos a vivirlo.
Por supuesto que toda esta matinal disgresión queda al alero de la gran paradoja arriba mencionada, que estamos hablando del sueño sin estar en ese momento soñando, sino despiertos. Y debemos resignarnos a nunca poder oir directamente el discurso del sueño.
La página de fans de Mulholland Drive
La página oficial de Mulholland Drive
20.5.06
El flujo poetico

Lo de "Chile país de poetas" es algo que oigo desde que tengo uso de razón. Sin embargo, no recuerdo que en el colegio me hayan hecho leer poesía dentro de la asignatura que por aquel entonces se denominaba "Castellano".
Creo que el primer profesor que nos hizo relacionarnos más directamente con ella fue el de música, que en su afán de interiorizarnos en los devenires del "ritmo" nos hizo memorizar diversas poesías y declamarlas con diferentes ritmos y entonaciones. Buen método, pero aislado y no replicado por otros docentes.
Sin duda comencé a tomarla más en cuenta en aquellos extraños años de la adolescencia. Mal que mal, poesía es tradicionalmente sinónimo de romanticismo. Debo haber partido con alguna de las "Antologías" de Editorial ZigZag... Nada del otro mundo. Mistral, Neruda, españoles varios. Pero me resultaban distantes, su vibración no iba con el momento que vivía.
Así buscando llegué a Parra. Su "Obra Gruesa" fue un fiel compañero durante muchas clases de Historia, en que disimulado dentro del texto oficial del curso me permitía amenizar esas eternas peroratas sobre las obras de los gobiernos de La República.
Después vino Benedetti, con esa extraña fusión de poesía cotidiana-pomposa-comprometida-desencantada. "Inventario I" desplazó a Parra, al menos por un tiempo.
La universidad fue casi un temporal. Desfilaron ante mí Huidobro, Lihn, Teillier, Uribe, Borges (... Borges...). Hasta llegar al gran visceral que es Gonzalo Rojas, al que comencé a seguir por el circuito de lecturas universitario del 99 al 2001.
Finalmente abandoné los grandes volúmenes y llegué a los pequeños libros, casi de bolsillo, esos que pueden andar por meses dentro del bolso sin importunar, y que permiten salvar los breves momentos de tedio del día cotidiano con palabras comunes que forman susurros reponedores.
¿Hacia dónde seguirá este flujo?
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