6.9.06

Recuerdos de Buenos Aires (hace 24 años)

Viajé a Buenos Aires en una primavera hace 24 años. Estaba en Kinder. Los pasajes se los había ganado un tío de mi papá en un concurso, y se los vendió a buen precio porque él no pensaba en viajar. Nosotros tampoco, pero ante la buena oferta...
Tengo recuerdos fragmentados de ese viaje, algunas imágenes, sensaciones, pequeños esbozos.
Lo interesante es que dentro de poco podré contrastar esos recuerdos con los lugares que los originaron. Voy de nuevo a Buenos Aires. Será mi propia versión de "En busca del tiempo perdido".

1. Mis desayunos eran chocolate caliente y "pastel flora", una enigmática masa de la que sólo recuerdo el gracioso nombre.
2. Había un gran parque, con frondosa vegetación, que servía de hogar a una infinidad de gatos, de las más diversas razas y colores.
3. En algún sector cerca del río (¿La Boca?) había un puente mecanizado de soberbia estructura metálica, custodiado por infantes de marina.
4. El Subte era mucho más viejo, mohoso y oscuro que nuestro Metro.
5. El zoológico tenía pocas jaulas, la gran mayoría eran fosos que albergaban animales en muchas mejores condiciones que el del Cerro San Cristobal. Allí mismo, había una enorme jaula con una pantera negra de cadencioso andar.
6. En un viaje por el delta del río, paramos en una estación fluvial bastante grande, que en su segundo piso tenía un acuario y un insectario. Allí también vendían maní tostado, y como me lo comí solo, no le saqué la cáscara roja. No me gustó. Después mis padres me dijeron que la cáscara también se la podía sacar. Ahí fue más sabroso.
7. En reiteradas oportunidades le pregunté a mis padres quién había ganado la guerra de las Malvinas. Preguntaba fuerte, claro y en plena vía pública. Era un tema sensible, y mi papá me intentaba hacer callar. Pero no lo conseguía.
8. A las piñas les dicen "ananás". Una piña es un combo. No del MacDonalds, sino que de puño.
9. Hay tormentas eléctricas súbitas y majestuosas, al cabo de las cuales vuelve a salir el sol.

30.8.06

... y Zatoichi


"Los ciegos perciben mejor a las personas"
Dentro del resurgimiento comercial del cine de artes marciales, a cargo de "El Tigre y el Dragón", "La Casa de las Dagas Voladoras", "Héroe", y por qué no, "Kill Bill" y "Matrix", Kitano nos sorprende con una película que explota otra vertiente.
Un masajista ciego recorre los pueblos del Japón premoderno. Además de masajista y aficionado a las apuestas de dados, es un excelso espadachín, sin ser un samurai. O al menos, sin dejarlo en claro. Su nombre es Zatoichi, y ya desde las secuencias iniciales queda claro que lo que ofrecerá la película es sangre luego de certeros y económicos golpes de katana.
Zatoichi nunca explica su actuar, y eso se refleja en el desconcierto de quienes le rodean. Es cautivado por un par de geishas en busca de venganza, y sin ofrecer nada, de pronto lo vemos ayudándolas. Lanza un madero a la cabeza de un loco que corre disfrazado de samurai, para que deje de gritar en torno suyo. Desbarata un clan que explota al pueblo y aterroriza a sus habitantes. Y de nada da explicaciones.
Aquí no hay nobles sentimientos bajo la violencia. No sabemos lo que hay. Salvo unos ojos cerrados y un agudo oido que le permiten enfrentarse limpiamente a todo el clan. Al menos limpiamente para Zatoichi, no así para sus oponentes.
Y por supuesto, al final se enfrenta al antagonista que conocimos al principio de la película: Hattori, un ronin dispuesto a todo por recuperar su honor perdido. Un enfrentamiento que ya había sido anticipado en el primer tercio de la película, al interior de una cantina donde ambos bebían sake.
Para mi gusto, la película tiene un aire tal vez demasiado occidental. Pero en eso también está su gracia, al introducir un sutil humor negro que juega con las supuestas buenas o malas intenciones de sus personajes. Algo que nunca queda del todo claro en el cine de Kitano.
"No se ve lo que no se puede ver"

27.8.06

Kitano...


El cine violento, o más precisamente con escenas de violencia, tiene una larga historia. Tal vez parte con ciertas películas de Orson Welles, Hitchcok, o los clásicos Spaghetti Western. Por alguna razón, se le asocia mucho al "género negro", "comedia negra" o "humor negro". Muchas películas, no obstante, se distancian considerablemente de los intentos de causar risa.
Varias de estas películas intentan hacer una apología de la violencia. Piénsese en Tarantino, sobre todo en su última "Kill Bill", donde la trama nos lleva rápidamente a empatizar con la protagonista y su forma extrema de cobrarse revancha de quienes la han maltratado. Y ese final casi angélico, cuando La Novia recupera a su hija que hasta entonces daba por muerta.
En un extremo que yo diría diametralmente opuesto, encontramos a Takeshi Kitano. Surgido desde la comedia televisiva nipona, se convierte en director y guionista de películas que explotan los aspectos más violentos de la conducta humana.
Bill, antes de disparar a la cabeza a La Novia, le confieza que el futuro balazo no es sadismo sino que "este es mi aspecto más masoquista". A diferencia de él, los personajes de Kitano golpean y matan sin decir ni una palabra. Golpean duro. Y matan, si cabe la calificación, también duro. Nada en la trama nos ayuda a "comprenderlos", menos a justificarlos.
Puede tratarse de un policía que está a la par en sadismo con el asesino a sueldo que atrapa ("Violent Cop"). O puede tratarse de un yakuza primero traicionado y luego salvado por su hermano de mafia, que huye a Estados Unidos y forma otro grupo de yakuzas junto a su hermanastro, "ganándose" literalmente su territorio ("Brother").
Es violencia que algunos considerarían gratuita. Pero por un extraño motivo, y allí está su talento como director y guionista, sus personajes cautivan, intrigan, se perciben tan humanos que su actitud viene a resultar totalmente consecuente a la vez que inexcusable.

(El martes 29 de agosto, Cinemax transmite a las 21:00 su película "Zatoichi")

9.8.06

La Puta y la Ballena


También conocida como "La Mujer y la Ballena". Al menos así aparece en la programación de Cinemax, y así la anuncian en pantalla. Aunque su real nombre es el que denosta "la profesión más antigua del mundo".
No sé si llegó al cine en Chile. Si llegó, no sé por qué me la perdí. Sólo hoy pude verla, aunque le tenía ganas desde hace tiempo.
La trama mezcla 2 tiempos narrativos, vinculados por la investigación que una catalana hace en Argentina sobre otra catalana, que pasó por la patagonia unos 60 años antes. Tango, pasión, abandono. Deseo, búsqueda, desolación. Los sentimientos de ambos relatos se entrecruzan, y las figuras de ambas catalanas van entremezclándose poco a poco. El relato que va conectando ambas historias tiene la mágica propiedad de la intemporalidad, nunca queda del todo claro a que historia pertenece, o si seguirá perteneciendo a otros relatos con posterioridad.
Una película absolutamente recomendable, aunque sea para ver en la TV (ni idea si está en DVD).

25.7.06

Contra el Periodismo

Lo reconozco, tengo un gran prejuicio con el periodismo. Lo tengo atravesado.
En concreto, con el uso (abuso, maluso) del lenguaje que hacen algunos periodistas, con dudosas intenciones (a mi parecer, no muy santas).

Ejemplo: 24 Horas Central del domingo 23 partió con la nota de "Hugo Chavez y las negligencias en su programa de ayuda médica". Venezuela ofreció un operativo médico, de tratamiento oftalmológico, no me quedó claro si a bajo costo o gratuito. Una compatriota fue a operarse de catarata, y volvió sin visión. Acá en Chile le habían dicho que las opciones de su cirugía eran un 50% quedar bien y un 50% quedar igual.
O sea, el oftalmólogo venezolano la habría operado mal. ¿Y qué carajo tiene que ver Hugo Chávez con eso? ¿Operó él? ¿Tiene conocimientos técnicos de oftalmología para haber dicho "no la opere, es riesgoso"?
Si alguno de los médicos chilenos que forman parte de la misión en Haití se manda un condoro ¿van a culpar a la Presidenta Bachelet? ¿O al Senado, que autorizó la permanencia de la misión?
Nuestra falta de cultura cívica nos puede llevar a estos excesos, que para mí llegan a ser brutalidades. ¿El último responsable de todo es el Presidente? Por favor.

Y todo esto dentro de un contexto general de crítica al comportamiento de Bachelet en la Cumbre Mercosur, donde Chávez y otros la habrían pasado a llevar, o faltado el respeto. Raro el cuento del periodismo...

23.7.06

La Belleza del Domingo


Me costó creerlo, pero no tuve más alternativa. La evidencia fue más fuerte. Hoy a las 11:00 AM se iniciaba un nuevo ciclo de las conversaciones sin tiempo de Cristian Warken.

No voy a entrar a criticar o defender a Warken. Me tiene sin cuidado la polémica de que si lucra, de que si lo hace altruistamente, y un largo etc. Lo que agradezco profundamente es el espacio de diálogo que su programa abre. Un diálogo cálido, por momentos (muchos, tal vez) complaciente con su entrevistado. Warken señala, sugiere caminos, puntúa comentarios, cita a otros (con mayor o menor tino). Se disuelve en el fondo negro del estudio y deja que el entrevistado de turno aparezca, en todo su espesor, con todo lo que tiene que decir.

Los juicios, que queden a cargo del televidente. La discusión, que se genere en la casa. Un buen inicio del domingo. Un desayuno con una larga sobremesa de diálogo y debate.

A fin de cuentas, un bálsamo para el espíritu. Un programa que debiera ser de observación obligatoria en los colegios. Una buena forma de aprender a escuchar, para luego aprender a dialogar.

(El entrevistado de hoy, Alejandro Jodorowsky, es tema aparte).

Una Belleza Nueva (en Internet)
Alejandro Jodorowsky (idem)

18.7.06

Le Mat Diplomatique


El número de este mes de “Le Monde Diplomatique” incluye un breve dossier sobre el espinoso tema de la psiquiatría en su ambiguo rol de “protector”: ¿de la sociedad o de los enfermos mentales? Dos periodistas francófonos nos interiorizan en la realidad carcelario-psiquiátrica de Francia, y dos psiquiatras lo contextualizan a la realidad de Chile y Argentina respectivamente.
Tan peculiar unión, locura y crimen, o manicomio y cárcel es, por desgracia, antigua y arraigada. En una serie que transmite el canal Sony, una madre argumentaba: “Prefiero que esté en un manicomio a que termine en la cárcel”, en relación a un hijo con discapacidad mental a su cargo, y que estaba escapando a sus capacidades de control.
Francia tiene una larga historia de problematización de este tema. Desde la separación que llevó a cabo Pinel en Bicetre, señalando a los locos y distinguiéndolos de los recluídos por crímenes o atentados a la moral, hasta los trabajos de Foucault que advierten que una y otra vez se vuelven a anudar locura y crimen, no al nivel de lo realizado por los sujetos, sino en el nivel de un discurso institucionalizado que los reúne.
Una de las tesis de Foucault al respecto señala que la Psiquiatría alcanza su validación institucional al proponer una explicación causal a crímenes que no tienen ningún motivo explícito. ¿Cómo explicar un parricidio? ¿Qué lleva a Medea a asesinar a sus hijos? Locura transitoria. Una intensa emoción que subyuga la capacidad de juicio. Despecho, celos, envidia. ¿Por qué acuchillan a un sacerdote que acaba de efectuar una misa? Delirio paranoide. Esquizofrenia. De toda esta gente eventualmente peligrosa, de todos estos criminales en potencia, nos haremos cargo. Y en el siglo XIX eso significaba reclusión en un manicomio.
Pero en los más de 150 años que median, algunas cosas han cambiado, sobre todo en lo relativo al tratamiento psiquiátrico. Sin embargo, las leyes (escritas o “en espíritu”) no han corrido la misma suerte. Los peritajes que solicitan los juzgados nos siguen pidiendo un pronunciamiento acerca de la “peligrosidad” de determinado individuo. Y luego nos los envían para que tratemos las condiciones psiquiátricas o psicológicas que subyacen a la “conducta violenta” que manifiesta hacia su esposa o hijos, facilitada por su “consumo excesivo de alcohol”, así que de paso debemos tratarlos de eso “por un lapso no menor a 6 meses”. ¿Un juez determinando un tratamiento médico? Increíble, pero cierto.
El anudamiento es antiguo y complejo. Y como todo anudamiento, es confuso y enmarañado en sus hilos. Y difícil de deshacer.

Imágen: La carta "El Loco" ("Le Mat") de El Tarot de Marsella restaurado por Camoin&Jodorowsky
Le Monde Diplomatique (Edición Chilena)

11.7.06

Divinisimo superstar


En los últimos días se ha escrito uno de los capítulos más llamativos de la historia de la locura criolla. Su protagonista ha sido José Pizarro, también conocido como “el Loco del Carrito”, “el Bioquímico”, o como el gusta autodenominarse: “el Divino Anticristo”, o a veces simplemente “Isabelísima”. Los coprotagonistas han sido algo más anónimos que él, pero no por eso deben ser dejados sin mención: se trató en general de las personas que viven, trabajan, estudian o deambulan por el barrio Lastarria, y que pusieron la voz de alerta ante su súbita desaparición, en alguna incierta fecha de mayo o junio.
El Divino Anticristo es sin duda uno de los locos más emblemáticos de Santiago. Loco en el más amplio y antiguo concepto, con toda su carga de aceptación y exclusión. Un habitante marginal de la ciudad, pero de un margen tal vez demasiado próximo e interpelador. Trasgresor impune de las leyes de convivencia, ofensor del pudor con su transexuada vestimenta, misógino insultante de las “tipiquísimas”. Especie de reverso biotípico del Quijote, embestidor de micros amarillas y buses transantiago al mando de su enchulado carro de supermercado. Su vípera lengua se desata en presencia de un delantal blanco, su puño irascible se alza hacia las Torres San Borja: “Les voy a nombrar a los únicos médicos que valen: Ernesto Ché Guevara y Salvador Allende…”. Su desenfado le había ayudado a eludir por años a la amenazante “Internación Administrativa”.
Durante casi 10 años compartimos el nicho urbano del sector Portugal-Lastarria. Su venta de cachivaches esparcidos sobre un paño en la vereda abundaba en botellas de diferentes tipos (vacías, por cierto), libros usados, artículos de escritorio rescatados de la basura, prendas de vestir (íntimas y no tanto), maquetas “recicladas” de los estudiantes de arquitectura del barrio. Y por cierto sus escritos. O los escritos del Divino Anticristo, que es como están firmados. Desde hojas tamaño carta con el sugerente título de “¿Parece que no saben que es cierto que yo soy una mujerísima?” hasta revistas de artesanal encuadernación sobre “Con cuatro cohetes se solucionan las emergencias en helicóptero ta”. (Los helicópteros son otra fuente para sus deslenguados comentarios). En mi última visita a Santiago incluso creí divisar a la tenue luz del alumbrado público una “Antología del Divino Anticristo”, pero mis ojos me pueden haber jugado una mala pasada.

– ¿Por qué Divino Anticristo?
– Nietzche escribió el Anticristo porque ahí me anunciaba. Él es un escritor del pasado que escribió sobre mí en el futuro.
– O podría ser él el del futuro, y escribió porque supo de ti en el pasado. Con este asunto del eterno retorno…
– No – su mirada perpleja tenía un tinte de desprecio, mientras remarcaba sutilmente cada palabra –. Él era un escritor del pasado que anunciaba el futuro.

Fin de la conversación. Lo del tiempo relativo o los juegos lingüísticos no iban con la situación. Salí raudo con su “¿Parece que no saben que soy enciclopédico?” debajo del brazo.

El capítulo en cuestión comenzó (al menos para mí, a muchos kilómetros de distancia) con la entrada al blog de un biólogo de la Universidad Católica, que trabaja en Marcoleta con Portugal. Mostraba una foto del Divino Anticristo en la calle, con falda y pañuelo en la cabeza, y al lado una en la “Clínica Psiquiátrica Normita Fournet” (el nombre en sí ya resultaba surrealista: “normita”). Luego vinieron las menciones al artículo publicado en el The Clinic del 15 de junio, una nota en el decano de la farándula (LUN, 26 de junio), y una seguidilla de artículos en diversas páginas web y blogs, la gran mayoría relatando con estupefacción lo ocurrido y recibiendo infinidad de comentarios.
Su historia abunda en preguntas sin respuesta. Que si estudió en el Lastarria. Que si fue compañero de Schaulsohn. Que si se trastornó al incendiarse su casa. Que si fue herencia por línea paterna. Que si sus estudios de bioquímica hicieron que “se chalara”. O si fueron de letras, de ingeniería, de medicina, o de un largo etcétera.
Sobre su inofensividad no pongo las manos al fuego. Durante mi internado en la Posta Central, un médico me aseguraba haber atendido a una “tipiquísima” con un ladrillazo puesto en su occipucio, aderezado con una abundancia de improperios. Resultado: TEC cerrado. En otra ocasión recuerdo que se le imputaron varios pequeños incendios en los jardines del frontis de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Chile, por calle Portugal. Resultado: acoso de los guardias, que lo increpaban para que hiciera abandono de los jardines. Contra-resultado: improperios de vuelta y un críptico rallado con spray en el frontis:
Divino anticristo agente oficial del que vino.
Se visten de mujer no son Cantinflas. Las maricas valen mucho.
Alumnitos de la U discípulos de maricones ta.
Anticristo persona grata po.
Inexorable cachai.
Divino. El César ta puntitos rápidos.
Inprovistumpagcrashtapougclinlilinpunk.


Los blogs de quienes frecuentaban el Barrio Lastarria comenzaron a hablar de él, a poner sus fotos. Apareció un banner por allí, un blog “oficial” por allá liberenalanticristo.blogspot.com. Se convocaba a “La marcha de los pañuelos” para el sábado 1 de julio a mediodía, en Merced con Lastarria: todos con pañuelos en la cabeza, falda opcional. Su imagen, anteriormente fundida en el paisaje urbano, comenzaba a multiplicarse y divergir en muchos otros que de alguna manera lo reconocían como integrante de su entorno. Algunos ya habían ido con pancartas a la clínica, a manifestar su apoyo y a pedir su “libertad”.
La noche del 30 de junio, fue “dado de alta” por la división de la Municipalidad de Santiago que había gestionado su internación. Desconozco si habrá asistido a la marcha en su apoyo, o si habrá recibido el carro de supermercado que estaban solicitando para reponer el que le habían requisado. ¿Habrá vuelto con o sin máquina de escribir a la calle? Los que lo han visto dicen que volvió de pantalón y luciendo su incipiente calvicie. Con menos cachureos a la venta. Más limpio.
Los comentarios en la blogósfera fueron variados, pero sobre todo llamativos. Desde los que dudaban de lo inapropiado de su enclaustramiento, hasta los que abogaban por el respeto a su decisión de vivir como él lo hace. (¿Es la locura una “elección”? Parece que muchos piensan eso). Alguien se daba a conocer como “Ricardo”, su hermano, y agradecía la internación como una vía a la recuperación, que le permitiría a sus hijos por fin conocer al mítico “tío José”. Otros enrostraban a los defensores de la libertad su acomodada situación social que les permitía ver al Divino Anticristo como “pintoresco” y “decorativo” en un barrio. ¿Es respeto? ¿Es aceptación de la diferencia? ¿O es la necesidad de tener a alguien a quien señalar como “el otro”, “el distinto”, a fin de cuentas “el loco”?

20.6.06

El enigma


Su sonrisa se dibujaba tenue al contraluz. Sus pasos se grababan silenciosos en la tibia arena del atardecer, mientras avanzaba con la vista al frente, intentando atrapar aquel horizonte lejano.
¿Qué pensamientos evocaba? ¿Qué recuerdos inaccesibles de ocasos en otras arenas?
Mientras, yo me perdía en la ensoñación. Su figura recortada al aire, al sol tan cercano en esa tarde, al viento que ondulaba su largo pelo... que pronto dejaría de ser largo, una vez más.
"A veces siento que la gente que está conmigo sabe tan poco de mí, una mínima parte de lo que soy, de lo que hago, de lo que pienso..." Tus palabras me sonaron frescas, como si las estuviera oyendo por primera vez. Así, exactamente así, te sentía en ese momento: un enigma, hermoso como todo enigma, anidando la secreta y total comprensión de sí para quien supiera hallarla, para quien encontrara la oculta clave.
Me sonreí, y en complicidad con el rumor del oleaje, apreté el botón que me abría esa anhelada revelación.

16.6.06

El Espectador

Escarbando en la biblioteca he encontrado una serie de 6 libros bajo este nombre. No son actuales, pero iluminan la actualidad, la vida cotidiana. Es una serie de libros escritos por Ortega y Gasset desde el 1910, en los cuales reune artículos, ensayos y en general textos sobre diversas situaciones, experiencias o cuestionamientos. Sí, parece un blog, pero impreso y de hace una centuria atrás.
La claridad es su don. También la prosa ágil, el humor negro (bien dosificado), la crítica social y política a su entorno. A su "circunstancia", como el gustaba llamarla.
Es fácil encontrar en sus reflexiones la simiente del posmodernismo. Ya en el primer texto, en la sección "Confesiones del Espectador", plantea que la realidad es una, pero depende de la perspectiva del que la mira la descripción que de ella puede hacerse. El discurso, la anhelada "verdad", es inseparable del que habla.
Su lectura ha constituido en estos días invernales un verdadero placer para mi gélido cerebro. Ojalá comparta con tan ilustre tocayo algún gen de lucidez, de observación, de agudeza. Mientras tanto, sus textos iluminan mis tardes.