1. f. Conjunto de raíces de los vegetales, unidas y trabadas entre sí. 2. f. Conjunto de antecedentes, intereses, hábitos o afectos que hacen firme y estable algo o que ligan a alguien a un sitio.
4.3.07
Anticipo (continuacion)
El asunto es que si me pongo a leer "La Eneida" para entender el comentario de Borges, la cosa no avanza...
21.2.07
Anticipo

Llevo meses dándole vueltas a un texto sobre la Divina Comedia. Originalmente tenía un eje claro, pero la cantidad de alusiones o aristas que he ido encontrando en diferentes lecturas han ido postergando su concreción y colapsando mi capacidad de memoria para ellas. Así que he decidido sólo ponerlas, antes de que empiecen a ser borradas de mi mente por otras alusiones o aristas o lo que sea que capte mi atención del momento.
Por deformación profesional, tiendo a prestar más atención a lo que tiene relación con la locura, los sueños y elementos afines. En la introducción a la Divina Comedia, Dante trata de diferenciar su relato del sueño y de la locura, ya que su intención es presentarlo como una vivencia, un verdadero viaje por los 3 mundos del más allá. Un viaje mítico, en cierto modo iniciático.
El primer elemento alusivo fue encontrar que para ciertos aborígenes el tiempo mítico, inicial, cosmogónico, se denomina el “tiempo del sueño”. También vale la pena relacionarlo con la meditación de Descartes acerca del sueño, el cómo saber que estamos en vigilia y no soñando que estamos despiertos y pensando; es decir, el tema del acceso al “conocimiento” del mundo exterior, de la “realidad”.
Hasta ahí bastaba y sobraba. Pero del poco dormir y del mucho leer, fueron apareciendo más aristas.
– Hay varios episodios en la Divina Comedia en los cuales Dante se duerme y sueña, por lo general visiones narradas de una forma característicamente onírica, y que por lo tanto se diferencian estilísticamente del resto del relato.
– En una referencia de Borges a la Eneida, señala que la salida de Eneas del inframundo se lleva a cabo por una puerta que puede llevar a interpretar que todo su viaje fue una ilusión. Virgilio anticipa el tópico de Dante acerca de la veracidad del relato, antes de convertirse en el guía del propio Dante por el Infierno para luego llevarlo al Purgatorio.
– Hay una clara superposición en la experiencia cotidiana de la muerte y del sueño. Basta con pasearse por un cementerio y leer las lápidas para notar que muchas hablan de “dormir” en vez de “morir”. O sea un desplazamiento, una metonimia en el lenguaje que nos recuerda los tiempos míticos “ex nihilo”.
En fin, la madeja se ha ido enredando y ya no sé si un solo texto pueda contener todo lo que ha ido saliendo en el camino.
Aclaracion
No estaba muerto ni andaba de parranda.
Tal vez un poco pata'e laucha, pero ni muerto ni de parranda.
Tal vez un poco pata'e laucha, pero ni muerto ni de parranda.
20.1.07
El McNaught sobre Vallenar
El luminoso cometa McNaught es visible a simple vista durante la primera hora de la noche, en dirección suroeste, sobre el horizonte.
La fotografía fue tomada con una cámara automática, motivo por el cual mucha de la espectacularidad del cometa se pierde, al no poder regular tiempo de exposición.
A simple vista, resulta sobrecogedor. El Halley fue un alpargata al lado de éste.
6.1.07
"Heroes" peligrosos

Leyendo a Borges me encuentro con este fragmento, que me recuerda a un dictador muerto hace 4 semanas.
"Una vez postulada la misión divina del héroe, es inevitable que lo juzguemos (y que él se juzgue) libre de las obligaciones humanas (...) Es inevitable también que todo aventurero político se crea un héroe y que razone que sus propios desmanes son prueba fehaciente de que lo es."
Tomado de "Prólogos, con un prólogo de prólogos", Jorge Luis Borges, 1975 (1949).
3.1.07
Primer dia del año

Es la tarde del primero de enero, y me encuentro frente al televisor, viendo un documental de National Geographic. Una joven leopardo emprende su primera y solitaria cacería. Al pasar por su territorio una manada de babuinos, da caza a una rezagada hembra, encontrándose de improviso con que ésta era una novel madre. La cría de babuino, desconcertada, comienza a seguir a la leopardo. El cadáver de su madre yace a poca distancia.
La fría noche africana cae sobre la extraña pareja. Se acomodan para dormir sobre un árbol, la leopardo acuna al pequeño babuino, lo lame con dulzura. Pero la cría no resiste la interperie, y muere.
Al día siguiente, mientras la leopardo se aproxima a su presa para comerla, llega su propia madre, con clara intención de compartir el alimento. Para su sorpresa, su hija la rechaza rugiendo, mostrando por primera vez signos de independencia. La madre se aleja parsimoniosa.
Pero lo agresivos babuinos están de vuelta, huelen la sangre de su compañera caída y se muestran inquietos. La leopardo abandona su comida y se aleja con velocidad.
Mientras, la madre hambrienta ha dado caza a un antílope. La joven leopardo se acerca sumisa, sinuosa, juguetona. La madre duda, pero finalmente acepta su aproximación. Presintiendo la llegada de las rapaces hienas, suben el cuerpo del antílope a un árbol.
Pero no ha sido lo suficiente como para quedar fuera del alcance de los saltos de las hienas. La joven leopardo, anticipándose, intenta subir aún más a la presa. Y fracasa. El cadáver pesa casi el doble que ella, y cae pesadamente del árbol. Ambas leopardos alcanzan a huir antes de la llegada de las hienas.
La madre, iracunda, comienza a mostrar sus colmillos. En un rápido crescendo, amenaza con atacar a su hija. Los días de vida solitaria han comenzado para la joven leopardo, que debe alejarse en busca de su propio territorio de caza.
Un evento ha enlazado con otro, y otro, y otro. Una progresión inesperada e incontrolable de causas y efectos. En 2 días, han dejado de ser madre y cachorra para convertirse en 2 hembras en disputa.
24.12.06
Recuerdos de Buenos Aires (hace 3 meses)
Estuve en Buenos Aires durante el preludio de la primavera. Las vacaciones, luego de un año y medio de trabajo. La promesa de libros baratos, discos baratos, comida barata, alojamiento barato. Descansar, conocer, re-conocer. También contrastar mis recuerdos de los 5 años, con lo que hay (o había) en la porteña capital trasandina.
1. El Cementerio de La Recoleta está emplazado en uno de los barrios más rimbombantes de la ciudad. Sus mausoleos y estatuaria contrasta con el entorno urbano.
2. Como toda ciudad que se precie de tal (como Santiago, como La Serena), Buenos Aires tiene su Jardín Japonés (en Palermo). En éste además hay un restaurante en su interior. (Ojo, martes cerrado, así que no les puedo contar nada de la comida nipona que allí hacen).


3. El Jardín Botánico en Palermo sigue lleno de gatos. Lamentablemente, muchos están con tiña y una gran abundancia de pulgas. Pero todos bien alimentados por los vecinos.

4. La pantera ya no está en un foso, sino tras un grueso acrílico. ¿Será la misma que me impresionó hace 24 años?

5. El Parque Lezama y sus esculturas, lugar en que Martín conoce a Alejandra (ver "Sobre Héroes y Tumbas" de Ernesto Sábato).
6. Como alguien acotó previamente, lo que yo recordaba como "Pastel Flora" se llama Pasta Frola. En Chile se vendería como una Tarta de Dulce de Membrillo.
7. A propósito de comida, allá no existe quesillo ni queso fresco. (Si no se le puede hechar a la pizza, no sirve).
8. Ir a La Boca es cosa de valientes. El hedor que emana del contaminado río es sinceramente putrefacto. Y el Tigre va por las mismas.
9. Bajo las señales de advertencia de los carros del subte ("Matafuegos bajo el asiento", "Freno de emergencia", y otras similares) se pueden ver sus equivalentes en ideogramas del Lejano Oriente.
10. Las Obras Completas de Jorge Luis Borges (Emecé Editores, 2005) pesan 3 kilos 200 gramos.
2. Como toda ciudad que se precie de tal (como Santiago, como La Serena), Buenos Aires tiene su Jardín Japonés (en Palermo). En éste además hay un restaurante en su interior. (Ojo, martes cerrado, así que no les puedo contar nada de la comida nipona que allí hacen).
3. El Jardín Botánico en Palermo sigue lleno de gatos. Lamentablemente, muchos están con tiña y una gran abundancia de pulgas. Pero todos bien alimentados por los vecinos.
4. La pantera ya no está en un foso, sino tras un grueso acrílico. ¿Será la misma que me impresionó hace 24 años?
5. El Parque Lezama y sus esculturas, lugar en que Martín conoce a Alejandra (ver "Sobre Héroes y Tumbas" de Ernesto Sábato).
6. Como alguien acotó previamente, lo que yo recordaba como "Pastel Flora" se llama Pasta Frola. En Chile se vendería como una Tarta de Dulce de Membrillo.
7. A propósito de comida, allá no existe quesillo ni queso fresco. (Si no se le puede hechar a la pizza, no sirve).
8. Ir a La Boca es cosa de valientes. El hedor que emana del contaminado río es sinceramente putrefacto. Y el Tigre va por las mismas.
9. Bajo las señales de advertencia de los carros del subte ("Matafuegos bajo el asiento", "Freno de emergencia", y otras similares) se pueden ver sus equivalentes en ideogramas del Lejano Oriente.
10. Las Obras Completas de Jorge Luis Borges (Emecé Editores, 2005) pesan 3 kilos 200 gramos.
14.12.06
La ruta de "Seda"

– ¿Tenés la tarjeta CúspideMax? –. La cajera pasaba por el lector de códigos de barra los libros “encargos” que por fin había logrado recopilar en una sola librería.
– No. Soy de Chile y estoy hasta mañana –.
Era mi último día en Buenos Aires. Aún me faltaban los libros “caprichos personales”.
– Con esta compra podés juntar 22 pesos, y canjearlos por libros –explicó tentadoramente. – Los puntos no vencen, y la tarjeta podés obtenerla de inmediato.
22 pesos en Argentina significa un buen libro. Agregué mentalmente los hipotéticos puntos de mis otras compras a realizar durante el día y acepté encantado la propuesta. En menos de dos minutos tenía la tarjeta en mi mano.
Por la noche me encargué de los caprichos. Completé la compra con las Obras Completas de Borges, y me encontré con cerca de 70 pesos disponibles para canjear. Ahí sí comenzó lo bueno. Recorrer pasillos y estantes sólo buscando, sin nada concreto en mente. Y luego de una preselección, conseguir la combinación casi perfecta de títulos que permitiera optimizar los puntos.
Así llegó a mis manos “Seda” de Alessandro Baricco. Con un vago recuerdo de alguna crítica leída o comentario oído que favorecía al autor. Con una portada ilustrada con caracteres japoneses sobre un diseño de tela para kimono. Con una contratapa en la cual Baricco contaba que ésta no era una novela ni era una historia de amor.
Y en verdad tenía razón. No es una historia de amor, porque no relata un amor real. Su historia es la de un amor imposible, desplazado, metonimizado. Un amor que ocupa el escenario de la ruta de la seda, pero cinco siglos después de ésta. Como esa extraña sensación que dejan los amores imposibles, que nos hacen pensar que “antes”, en otro tiempo de nuestras vidas, tal vez hubieran sido posibles.
Y como todo amor imposible, el texto está lleno de reiteraciones, repeticiones, reintentos que a nada conducen. Un amor fatal, en el amplio sentido. Un amor que no provoca un vuelco en la vida de quien lo siente, pero que introduce sutiles cambios en su vida cotidiana. Sutiles, pero permanentes. Un amor que no cambia la vida, pero sí la forma de vivirla.
Casi como la cajera de Librería Cúspide y su oferta de tarjeta.
Encuentro con Carver

– Te he traído un regalo – dijo ella cuando apareció en el dormitorio.
Un minuto atrás, el sonido de sus llaves en la puerta de entrada y el rodar de su maleta sobre el piso me habían despertado. Volvía de Santiago. Era Domingo. Eran cerca de las siete de la mañana.
Esbocé una sonrisa y cerré los ojos.
– Te traje un regalo – repitió algunas horas después, mientras tomábamos desayuno en silencio.
Se levantó de la mesa para ir hacia su maleta, en el dormitorio. Por mi cabeza, las posibilidades de regalos giraban como las imágenes en un tragamonedas. La que más se repetía era la de un libro.
Cuando me entregó el misterioso objeto, envuelto en un papel kraft con la leyenda “Librería Altamira”, ya no habían dudas. Si hubiera tenido que adivinar el contenido, habría acertado. “Es de Carver”, le habría dicho. Por supuesto no le dije nada. Me limité a sonreír y a sacar con parsimonia el papel kraft. Raymond Carver. “De qué hablamos cuando hablamos de amor”.
En el último tiempo, Carver se había vuelto un ente misterioso. Había oído y leído comentarios acerca de sus cuentos en infinidad de partes, hechos por escritores o por aficionados a los libros, en diarios, revistas o blogs. Unánimemente, alababan su estilo y su magia para crear relatos breves. La contraparte eran los comentarios de ella: que Carver es demasiado escueto en palabras, que se repite en su forma de escribir, que genera tensión en el relato apelando a la reiteración de un elemento cualquiera, que después no desemboca en nada, que después del cuarto cuento se aburrió y tiró el libro. “Pero creo que a ti te puede resultar interesante”, había dicho la gran mayoría de las veces. Tal vez por lo escueto de palabras, pensaba yo.
Así que tengo mi primer Carver. Una colección de cuentos sobre relaciones íntimas, reseña la contratapa. Dice que en ellos los personajes a veces se despedazan. Recuerdo “El libro de los amores ridículos” de Kundera, y pienso que no deben tener mucho en común.
La miro a los ojos y, sonriendo, le digo “Gracias”.
10.11.06
De Akutagawa al "Coaching Ontologico"

Llegué a Akutagawa por y en Buenos Aires. La revista literaria y cultural que edita “El Ateneo” comentaba su recién aparecido libro “Vida de un loco”. Con ese título, y con un epílogo de Borges, despertó de inmediato mi curiosidad.
Quienes hayan leído otros textos de este blog tal vez habrán descubierto una velada obsesión por la cultura japonesa. Leer a Akutagawa sólo ha conseguido reforzar esa obsesión: escribió sobre la locura, vivió la difícil época en que Japón se “occidentalizaba” a principios del siglo XX, y finalmente se suicidó a los 35 años. Camino similar al de tantos artistas que renegaban de la pérdida de tradiciones que se vivía en el país, al tiempo que descubrían con cierta fascinación la estética y arte europeos.
En su epílogo, Borges elogia su límpido estilo. Vaya de ejemplo un fragmento de “Vida de un loco”:
“Veintinueve años de existencia humana le habían ofrecido poca iluminación. Pero Voltaire al menos lo equipó de alas artificiales.
Desplegando esas alas hechas por el hombre, se remontaba con facilidad hacia el cielo. Empapado por la luz de la razón, la alegría y el pesar humano se hundían bajo sus ojos. Sobre sórdidas ciudades, dejando caer la burla y la ironía, se elevaba hacia el espacio despejado, encaminándose directamente al sol. Lo mismo que con alas hechas por el hombre, derretidas por el resplandor del sol, había lanzado al mar a un antiguo griego, muerto. Parecía haberlo olvidado…”
29 años de existencia humana que coinciden con los míos. ¿Cuáles son las alas artificiales a las que estoy apelando en este tiempo de mi vida?
Últimamente, mi inquietud ha circulado en torno al “Coaching Ontológico”. Un enfoque teórico-práctico orientado a mejorar nuestra capacidad de comunicación. No a un nivel abstracto, sino absolutamente concreto, enfocado en cómo decimos lo que decimos, y qué esperamos (tácita o explícitamente) de lo que decimos. Su taxonomía de los “actos de habla” es seductora, y abre diálogo y discusión.
A diferencia de lo que le ocurría a Akutagawa con Voltaire, no hay aquí una luz de la razón que ciegue. Por el contrario, es una invitación directa a comunicarnos en todos los planos: racional, emocional, corporal. Es una propuesta a no dejar de lado los aspectos humanos que nos definen tanto o más que la razón (tan sobrevalorada por tanto tiempo). En fin, una propuesta “ontológica” en todas sus dimensiones.
"Vida de un loco", Ryunosuke Akutagawa, Emecé Editores, 2006
"Ontología del lenguaje", Rafael Echeverría, Editorial Gránica, 2005
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