23.8.12

La Introducción de los Grundrisse de Marx y su relevancia (2): La producción en general

En un texto previo me he referido a algunos aspectos generales sobre los Grundrisse de Marx, para abordar aquí el tema de la producción en general.

En primer lugar, se analiza lo planteado por Adam Smith en “Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones” (1843) y por David Ricardo en “Principios de economía política y tributación” (1821), quienes toman como punto de partida del análisis al cazador o pescador solos y aislados. Marx critica esta forma de análisis ya que constituye una abstracción, un desconocer los antecedentes históricos existentes y los aspectos sociales del hombre, que “… hacen de él una parte integrante de un conglomerado humano determinado y circunscrito”.1 Considera que el individuo a través de la historia ha sido en realidad un productor dependiente, y ha formado parte de un todo mayor: inicialmente una familia, que luego se ha unido a otras para formar una tribu, a partir de las cuales han surgido comunidades y, llegada la edad moderna, éstas han dado paso a la sociedad civil.
Para Marx resulta fundamental establecer que, al referirse a la producción, se está refiriendo a la producción en un estadio determinado del desarrollo histórico y social. El tema específico a analizar en su escrito será la moderna producción burguesa. Dado que su propuesta es contraria a las abstracciones será necesario, además, analizar los elementos o factores asociados a la producción, y cómo ésta no es posible sin la existencia de instrumentos de producción y de un trabajo pasado, acumulado u objetivado. A lo largo de la historia los instrumentos de producción han variado, pudiendo entenderse como tales desde la mano del individuo primitivo hasta el capital.
En segundo lugar, critica que habitualmente se presente a la producción como regida por leyes naturales eternas, independientes de la historia, lo cual da pie a considerar las relaciones burguesas como leyes naturales inmutables de la sociedad. Asimismo, se presenta como ley natural e inmutable a la propiedad, justificando así su protección por medio de la justicia y la policía, ya que “… toda forma de producción engendra sus propias instituciones jurídicas, su propia forma de gobierno”.2 Por el contrario, para Marx la historia muestra cómo por mucho tiempo persistió la forma primigenia de propiedad común.

En un texto siguiente abordaré la sección titulada "Relación general entre la producción, la distribución, el cambio y el consumo".

1 MARX, K. Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política. México DF: Siglo XXI, 2007. Pág. 3
Ibíd. Pág. 8

La Introducción de los Grundrisse de Marx y su relevancia (1): Aspectos generales

Habitualmente se considera a “El Capital” como la obra cúlmine de Karl Marx; sin embargo, muchos de sus escritos previos (publicados o no por él mismo) contienen reflexiones críticas que resultan precursoras de dicha obra.
Luego de ser expulsado de París, Marx se trasladó a Londres, donde residió desde 1849 hasta su muerte en 1883. En sus primeros años en dicha ciudad, destinó gran parte de su tiempo a una exhaustiva lectura de los textos sobre Economía Política albergados en la biblioteca del Museo Británico. Los últimos años de la década de 1850 estuvieron marcados por diversas enfermedades de Marx y por serias dificultades económicas, tal como queda reflejado en los fragmentos de cartas que Marcello Musto cita en su trabajo "Marx, la crisis y los Grundrisse”. La crisis financiera de los años 1856 a 1858 hizo resurgir en él y en su compañero Friedrich Engels la esperanza de la revolución obrera contra la sociedad burguesa, convirtiéndose en un fuerte estímulo para continuar su trabajo intelectual pese a las dificultades monetarias y de salud.
Los manuscritos del periodo 1857 a 1858 contienen el resultado de quince años de investigaciones en el ámbito de la economía política. Tal como señala el propio Marx en una carta a Ferdinand Lasalle, fechada 22 de febrero de 1858:
"… hay temas que durante muchos años han sido objeto principal de las pertinentes investigaciones y […] muestran constantemente nuevos aspectos y exigen nuevas reflexiones".1
El material contenido en estos 7 cuadernos manuscritos fue usado por Marx como base para la redacción de “Contribución a la crítica de la economía política” (1859) e incluso de “El Capital” (1867).2 Por la importancia, tanto del material que contienen como por ser una muestra del método de estudio y análisis de Marx, fueron publicados en 1939-41 por el Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, bajo el título de “Grundrisse der Kritic der politischen Ökonomie (Rohentwurf) 1857-1858” ("Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política” en la traducción al español consultada). Marx, en la misma carta a Lasalle ya mencionada, se refiere al contenido de dichos manuscritos:
"… es la crítica de las categorías económicas o, if you like [si prefieres], el sistema de la economía burguesa expuesto de manera crítica. Es a la vez la exposición del sistema y, a través de esa presentación, la crítica del mismo".3
La Introducción de “Grundrisse…”, redactada entre agosto y septiembre de 1857, está dividida en las siguientes secciones:
  1. La producción en general
  2. Relación general entre la producción, la distribución, el cambio y el consumo
  3. El método de la economía política
  4. Medios (fuerzas) de producción y relaciones de producción, relaciones de producción y relaciones de tráfico, etc.
En esta serie de textos me referiré a los aspectos principales contenidos en las 2 primeras secciones, para luego comentar algunos de los puntos presentados.


1 MUSTO, M. Marx, la crisis y los Grundrisse. Pág. 7
2 Lo cual se hace evidente al comparar, por ejemplo, el inicio del primer capítulo de ambas obras, y observar la similitud de forma y contenido existente entre ellos.
3 MARX, K. Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política. México DF: Siglo XXI, 2007. Pág. xliii

2.7.12

Esbozos numerológicos: El 5

El Cinco (o la Quintaesencia) se constituye como un paso que permite la superación, desde el dominio de la Materia (expresado numerológicamente por el cuaternario) al de la Vida y de la Inteligencia (quinario).

Para la gran mayoría de las antiguas cosmogonías occidentales, el mundo material consta de cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego. La combinación de éstos, en distintas proporciones, generaría el mundo que nos rodea. Sin embargo, el misterio de la vida en general, y de la existencia humana en particular, sobrepasa la comprensión lograda a partir de esta tétrada. Es así como se invoca un quinto elemento para lograr dar cuenta de esta innegable complejidad. Habitualmente se le ha llamado éter y se le ha considerado indestructible e incorruptible, un elemento puramente espiritual, una manifestación del espíritu cósmico, tal y como se ha considerado al alma humana.


Alquímicamente, la Quintaesencia o el quinario es representado por el "Mercurio Filosófico" (unión del Azufre con la Sal), siendo el centro de la cruz que simboliza las polaridades del mundo de la materia (unión de los dos principios primordiales). Es, en este sentido, espiritualización de la Materia.


Desde antaño, el pentáculo o estrella de cinco puntas ha sido usado como símbolo mágico. Dicho emblema, dispuesto con un vértice hacia arriba, puede alojar en su interior la representación del Ser Humano, lo que la enlaza con el simbolismo previamente expuesto de la Quintaesencia. (Invertido, con dos vértices hacia arriba y uno hacia abajo, aloja la cabeza del macho cabrío).


En el Tarot de Marsella, el Arcano V es "El Papa", tradicionalmente concebido como el natural puente o mediador entre el mundo de los hombres (material) y el mundo divino suprasensible. Mismo rol que han tenido los Sumo Sacerdotes en otras culturas y tiempos.


Este trayecto, desde la Materia hasta el Hombre a través del número 5, encuentra además referencias en nuestro propio cuerpo. Espiritualización de la Materia, potencialidad de trascendencia intrínseca a nuestra condición humana, posibilidad de comprender la materialidad a través del intelecto. Los cinco sentidos nos permiten percibir el mundo por medio de las sensaciones corporales, mientras los cinco dedos de la mano nos permiten actuar sobre nuestro entorno.

10.6.12

Éticas libertarias para el Tercer Milenio: Elogio de la Fraternidad


"Libertad, Igualdad, Fraternidad".
La proclama de la Revolución Francesa resulta inspiradora en el quehacer cotidiano, aunque puede ser objeto de reflexión sobre su real materialización. A partir de la Revolución Francesa, puede constatarse un continuo proceso de salvaguarda de dichos principios, contenidos ya en el Artículo Primero de la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” (1789): 


"Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”

Es así como leyes y disposiciones, en diversas naciones, han intentado asegurar la Libertad de conciencia, de expresión, de movimiento de las personas; así como la Igualdad ante la ley, ante el acceso a bienes y servicios, ante las oportunidades de desarrollo humano. Nuestra experiencia de vida nos muestra estos principios en su cotidianidad, y cada uno de nosotros encontrará múltiples ejemplos a lo anteriormente planteado.

Pero pareciera ser que la Fraternidad no se encuentra en el mismo grado de desarrollo. A primera vista, pareciera que las leyes o disposiciones no logran dar cuenta de ella, quedando dicho principio fuera de la Declaración de Derechos de 1789. (Y, sobre este punto, Jacques Derrida en Canallas va incluso más lejos: "… si los revolucionarios de 1789 dudaron tanto tiempo en inscribir en el lema republicano la palabra «fraternidad», que no aparece ni en la Declaración de los derechos del hombre, ni en la Constitución de 1793, ni en la Carta de 1830, sino únicamente en un añadido a la Constitución de 1791, es debido a la connotación fuertemente cristiana de dicha palabra. […] François Furet y Mona Ozouf dicen que es «el parentesco entre el cristianismo y la Revolución el que explica la aparición de la fraternidad junto a la libertad y a la igualdad, para completar aquello que ya se sentía como una Trinidad diferente»"). Tanto la Libertad como la Igualdad implican un ámbito de interrelación que puede ser supervisado, en este caso, por el Estado y sus diversos agentes: se encuentran bajo la mirada de lo abiertamente público. La Fraternidad, en cambio, se da en un ámbito de interrelación más íntimo, privado o cercano, quedando fuera de una posible supervisión; es una actitud individual que puede apoyarse en los otros principios, pero, esencialmente, es una disposición de vida. 

Si se la considera como un sentimiento, la Fraternidad busca establecer y mantener relaciones no sólo de igualdad entre las personas, sino de genuino afecto y respeto, tal y como se espera que ocurran entre verdaderos hermanos.
Practicar la Fraternidad en la cotidianidad es un desafío mayor. Claude Levi-Strauss, en una conferencia en la UNESCO en 1971, lo expresó de esta manera:

"Nos forjamos sin duda la ilusión de que la igualdad y la fraternidad reinarán algún día entre los hombres, sin que corra peligro su diversidad”

2.4.12

La tecnología al servicio de la exclusión: El código QR


“Sin embargo, la intensificación del progreso parece estar ligada con la intensificación de la falta de libertad. A lo largo de todo el mundo de la civilización industrial la dominación del hombre por el hombre está aumentando en dimensión y eficacia.”
Herbert Marcuse, Eros y civilización (1958)

La eterna promesa de la técnica es proporcionarnos más “tiempo libre”. Libre para el ocio, para el descanso, para lo que queramos, pero más tiempo. Secundariamente (o al menos secundariamente ante una visión ingenua) facilita un ordenamiento social, una optimización del proceso productivo, la maximización de las ganancias económicas, la facilitación de la recopilación y almacenamiento de información (fin muchas veces no declarado).
El discurso oficialmente inculcado es que la tecnología está llegando a todos: disminución en el precio de venta de artículos tecnológicos, masificación de internet, inclusión de dispositivos tecnológicos en establecimientos educacionales. La democratización de la tecnología nos beneficia a todos por igual. O nos beneficiaría, si no se es tan optimista como el discurso oficial.
Hace algunos días me relacioné por primera vez con los “códigos QR”, presentes como infografía en una exposición de museo y dando la opción de “descarga más información”. Lo que me pareció más llamativo, es que desde la página de inicio del museo no es posible acceder a la página que alberga la información asociada al código QR, no hay enlaces que dirijan a ella.
Luego, viajando en el Metro, pude observar múltiples avisos en los que figura el código QR, principalmente de universidades que ofrecen cursos de postítulo en áreas de negocio o economía; además de una cadena de supermercados que da la opción de comprar productos básicos desde el andén del Metro y después recibirlos en casa, siempre y cuando se viva en comunas “ABC1” de Santiago.
Todos estos códigos conducen a páginas web, las cuales podrían figurar en dichos avisos con su url habitual, pero por supuesto, sería necesario escribirlas para acceder a ellas. El código QR facilita el proceso, reduce el tiempo necesario para acceder a la página, a la vez que se vuelve exclusivo y excluyente. Exclusivo para quienes poseen teléfonos de última generación, con cámara fotográfica incorporada, aplicación de lector de códigos QR y conexión a Internet. Excluyente para todo el resto, ya que ni siquiera da la opción de copiar la dirección url para buscar la página desde un computador con conexión tradicional a Internet.
Algunos denominarán a esto “segmentación del mercado”, usarán términos como “público objetivo”, intentarán centrarse en las ventajas inherentes a esta tecnología. Para mí, esto es tecnología al servicio de la exclusión.

26.9.11

Éticas libertarias para el Tercer Milenio: Postporno y Pornoterrorismo


En “Cómo reconocer una película porno”, Umberto Eco propone como criterio a seguir el “cálculo de los tiempos muertos” cinematográficos, aquellas escenas en las cuales “no pasa nada” en términos narrativos, lo que resulta imprescindible para lograr un aspecto de “normalidad” en la historia relatada. Extrañamente, no propone como criterio la existencia de la transgresión, ya que como señala en ese mismo texto ésta debe presentarse subsidiaria de lo cotidiano:
“… la película pornográfica debe representar la normalidad –esencial para que pueda adquirir interés la transgresión– tal y como cada espectador la concibe”.

Tal como propuse en un escrito previo, el porno se ha vuelto una caricatura de la transgresión, y la ha reducido a la mecánica representación de ciertos estereotipos de sexo y género. Sin embargo, la represión no logra acallar del todo esa fuerza inmanente a la transgresión (en este caso sexual).
Jean Baudrillard, en su libro “De la Seducción”, presenta a la obscenidad (pese a lo añejo que pueda resultar el término en esta sociedad hipersexuada) como aquel elemento residual de resistencia, que aún puede superar la restricción y expresarse en su ausencia de límites.
Sin embargo, la obscenidad no es el porno. La obscenidad tradicional aún tiene un contenido sexual de trasgresión, de provocación, de perversión. Juega con la represión, con una violencia fantasmática propia”.
Allí, en ese límite que se vuelve frontera a traspasar, el porno se repliega en su impostura y deja su lugar para permitir el surgimiento del postporno y del pornoterrorismo.

Con su estética post-punk, su abundancia de prendas de látex negro y rojo, sus amenazantes puntas metálicas, pero por sobretodo, con su propuesta eminentemente creíble de una transgresión sexual que perfectamente puede ser cotidiana, el postporno se instala como el verdadero “modelo/ideal” a partir del cual el porno ha esbozado su imagen burdamente caricaturesca. Aquí aparece la fantasía-creación, que en el porno comercial sólo alcanza a ser fantástico-ilusorio. Aquí no se requiere de los tiempos muertos, porque la imagen de normalidad viene asegurada por la estética cotidiana de sus protagonistas y por la ausencia de toda escenografía (por lo demás, inútil).

Emergiendo de la matriz del postporno, la sucesión de transgresiones se vuelve fructífera, dando paso a nuevos conceptos o personajes conceptuales, lúdicxs, provocadorxs, explosivxs. Uno de ellos, el pornoterrorismo:
Se trata de un nueva máquina de guerra, poderosa y potente: arma eficiente que cuenta con manifiesta potencia de destrucción y creación propia de las bestias mitológicas. Es el fruto desviado, el vástago inconfeso, del cruce de una noche de juerga entre el accionismo vienés y la postpornografía”.

La adaptación al contexto, o más precisamente la reinvención permanente de lo que se debiera entender por pornoterrorismo, queda explícita en la última frase de su Manifiesto: Interverní. Este manifiesto será re-escrito una y mil veces por todas...”
A fin de cuentas, es la única forma de asegurar la permanencia en el tiempo de una transgresión: generar respuestas transitorias secuenciales que logren disolver los límites de las estructuras/categorías.

Rancios métodos de control: El porno como caricatura de la transgresión


Reiteradamente he oído/leído que a nivel mundial las industrias más lucrativas son: 1) la pornografía, 2) la venta de armas, y 3) las farmacéuticas. Nunca he podido dar con la fuente de esta aseveración, y sin embargo el poco sentido común que creo tener me hace tomarla por cierta.
La sexualidad como práctica o ejercicio corporal (más allá de la pura genitalidad) ha estado durante demasiados siglos aprisionada por la moral "occidental" de origen judeo-cristiano, y por lo tanto (al menos teóricamente) confinada al plano de “lo privado”, encadenada al concepto de “intimidad”, excluida del habla cotidiana “de buen gusto”.
Michel Foucault lo sintetiza en su “Historia de la Sexualidad: La Voluntad del Saber” con la siguiente propuesta: “... el puritanismo moderno habría impuesto su triple decreto de prohibición, inexistencia y mutismo.” Lo coloca en condicional (“habría...”) pues a continuación plantea que a nivel de discurso la sexualidad ha logrado hablar a entes específicos a quienes la sociedad ha conferido dicho poder: a los sacerdotes durante la confesión y a los psicoanalistas durante el análisis.

¿Qué surge ante lo prohibido? El deseo. ¿Qué surge ante lo oculto? La curiosidad. ¿Qué surge ante lo desconocido? La fantasía. Las cartas están echadas: ante una práctica sexual invisible, surge el porno. Antaño estampas dibujadas. Luego, fotografías. Últimamente, filmaciones. (Mención aparte: el burdel como lugar que surge en los linderos de lo real, inexistente como aparato productivo en un sentido económico oficial, a la vez que próspero negocio para algunos).
El porno presenta la estereotipia de la imagen corporal de cada género llevada a su punto de cristalización: hombres esbeltos y musculosos, mujeres lúbricas y exuberantes. Como producto cinematográfico destinado al consumo masivo, su canon estético es el de la sociedad de consumo: aquella figura corporal que sólo se consigue luego de adquirir onerosos productos dietéticos u hormonales, o de haber “invertido” en cirugías estéticas y prótesis siliconadas diversas.
Sin embargo, lo que el porno muestra no es la práctica sexual, ni siquiera las fantasías de sus espectadores: muestra lo fantástico, esa quimera que surge a partir de lo no-visto. Las escenas presentadas por el porno distan tanto de las practicadas por la mayoría de las personas como la Tierra dista del centro de la Galaxia (lugar de ese enigmático hoyo negro de la astrofísica). ¿Es imaginable un porno canino, que muestre las prácticas sexuales de los perros...? Nada más inútil, basta con pasearse despreocupadamente por las calles para ver a los cachupines “haciendo eso...”
A la vez, los roles de cada uno de sus protagonistas caen en ese encasillamiento pétreo que los inmoviliza y los deja imposibilitados de cualquier esbozo de variante lúdica. La normatividad penetra y se apropia de la que debiera ser una de las mayores manifestaciones de transgresión.

Jean Baudrillard, en su libro "De la Seducción", presenta al porno como la rigidización sublime de lo fantástico-ilusión en oposición a la fantasía-creación:
Al contrario, el porno añade una dimensión al espacio del sexo, lo hace más real que lo real — lo que provoca su ausencia de seducción.
Inútil buscar qué fantasmas obsesionan a la pornografía (fetichistas, perversos, escena primitiva, etc.), pues están eliminados por el exceso de «realidad».
Visto de muy cerca, se ve lo que no se había visto nunca — su sexo, usted no lo ha visto nunca funcionar, ni tan de cerca, ni tampoco en general, afortunadamente para usted. Todo eso es demasiado real, demasiado cercano para ser verdad. Y eso es lo fascinante, el exceso de realidad, la hiperrealidad de la cosa.”

¿Qué queda, cuando incluso en el último reducto dónde debiera cobijarse la liberalidad de la transgresión, aparece la estructura hipernormativa de categorización del sujeto? Allí, donde el porno se vuelve una caricatura de la transgresión, surge el postporno y el pornoterrorismo.

5.9.11

Rancios métodos de control: La patologización del descontento


Las imágenes de violencia callejera y disturbios ocurridos en Inglaterra hace unas semanas fueron transmitidas por TV, prensa y sitios de internet a destajo. Parecía extraño que en un país de primer mundo ocurrieran sucesos propios de países tercermundistas o ex-colonias del Imperio Británico. O al menos ese era el tenor de los comentarios que acompañaban a las imágenes.
Mientras las veía, recordaba fragmentos de “La Naranja Mecánica” de Stanley Kubrick, película en la que Alex y sus amigos mostraban comportamientos no tan diferentes a los que se transmitían en vivo y en directo en esos momentos. Y me preguntaba cuánto tiempo pasaría hasta que, tal como en la película, se hablara de “enfermedad” para intentar explicar los actos violentos. Para mi sorpresa, fue el propio Primer Ministro Británico David Cameron quien usó la expresión, a 4 días de iniciados los disturbios. Habló de sectores de la sociedad enfermos, de mala crianza de los hijos, de falta de valores éticos. Lo único que faltó es que dentro de sus medidas propusiera la implementación masiva de la técnica de Ludovico para “tratar” a esta manga de Alex subversivos.
Se ha hecho demasiado común en el último tiempo patologizar el descontento. Habiendo multitud de condiciones sociales que permiten al menos comprender (y hasta tal vez explicar) el complejo escenario en el cual emerge la violencia hacia el sistema social establecido con sus abismantes desigualdades, pareciera ser que es más sencillo hablar de enfermedad. Con lo cual se vuelve a una estructura propia de varios siglos atrás, donde se recluía en un mismo espacio físico a los sin hogar, los ladrones y los afectados por enfermedades mentales o neurológicas. Por cierto, Chile no ha escapado a esta tendencia. Baste con recordar al tristemente célebre Cisarro y su bullado tratamiento en el Hospital Calvo Mackenna.
¿Que hay detrás de este gesto de quienes ostentan el poder, de este confinar al “desadaptado” dentro del ámbito médico? Pareciera ser que la sociedad no logra concebir el malestar como algo “normal”. Dentro de los discursos exitistas, de crecimiento económico de los países, de contar con bienes de consumo disponibles en abundancia, quienes se atreven a señalar su malestar por no estar incluidos dentro de los beneficiados aparecen como extraños. Mejor llevarlos al médico, para que los trate y los devuelva recuperados.
El descontento, el malestar, la ira, todos son emociones y sentimientos naturales al ser humano. La violencia puede manifestarse a partir de ellos, y por lo tanto no constituye una anormalidad. Puede ser que en ciertos contextos esta violencia sea catalogada como ilegal o constituya delito, pero eso no la convierte en una anormalidad. El Experimento de la Prisión de Stanford realizado hace 40 años atrás mostró que bastan unas pocas “condiciones extremas” para que surja el sadismo y la violencia en personas que previamente no habían tenido conductas de ese tipo.
No deja de ser extraño que quienes, como el Primer Ministro Británico, buscan castigar ejemplarmente este tipo de comportamientos al definirlos como ilegales, pasen por alto el hecho que muchos de quienes han actuado con violencia en estos disturbios han sido vulnerados en sus derechos sociales y laborales por instituciones dependientes del propio Estado. Por lo tanto, también han sido víctimas de actos ilegales, una violencia enmascarada por actos y omisiones de quienes ostentan el poder.

4.7.11

Rancios métodos de control: De peluquerías y confinamiento del pensar

La experiencia masculina del corte de pelo es extendidamente limitada. La oferta manifiesta se reduce a “regular”, “regular-corto” y “corto”, todas ellas en sus variantes “oreja cubierta” y “oreja descubierta”. En ocasiones, y dependiendo siempre de la ideología del poder fáctico de turno y/o del propio operario de las tijeras, se agrega una cuarta variante de por sí integrista: el corte “a lo militar”. Quienes optan por otras alternativas, habitualmente ven aún más reducidas sus opciones, ya que cualquier otra variante de corte entra en el campo no especificado ni definido de lo que puede considerarse “el pelo largo”, eterna fuente de dificultades y contradicciones para quienes esgrimen las tijeras sobre una cabeza masculina.
El acto de dominación asociado al corte de pelo alcanza su punto máximo en ciertos rituales relativamente encubiertos, como el ingreso al servicio militar o el tradicional “mechoneo” de quien se incorpora a la universidad. En ambas situaciones, el corte material se configura como acto fundacional del corte venidero que ocurrirá en otro dominio, topológicamente contiguo al pelo mismo: el dominio del pensar autónomo. En el caso militar, el pensar autónomo quedará subyugado al orden y la jerarquía institucional. En el caso universitario, se verá confinado para dejar lugar a la instrucción formal de la disciplina que se estudiará.
Del pelo al pensar se ha configurado una metonimia con siglos de historia. Desde que las reflexiones filosóficas primero, y anatómicas después, concluyeron que los pensamientos se originan en el cerebro, la cabeza como porción corporal ha adquirido un estatus de preeminencia por sobre el resto del cuerpo.
El oficio de barbero se remonta a las culturas griega y romana, prestando sus funciones principalmente a ciudadanos de elevada condición económica. Sin embargo, durante la Edad Media, su ámbito de acción se expande a áreas que hoy consideraríamos propiamente médicas y odontológicas. Extracciones dentales, vaciamiento de abscesos, aplicaciones de sangrías: todas ellas se yuxtaponen al tradicional corte y afeitado.
Dicha amplitud de su quehacer se prolonga por varios siglos, al punto que podemos encontrar al barbero Maese Nicolás acudiendo junto al cura a casa de Alonso Quijano, con la finalidad de hacer escrutinio de la librería del ingenioso hidalgo. Del centenar y más de volúmenes que encontraron, pocos se salvaron de la hoguera. ¿Qué poder se ha otorgado al barbero para que oficie de ayudante de censor, de inquisidor de “medio pelo”? El cura, a que dudar, encarna la ley moral aceptada en aquella época. ¿Y el barbero? Conocedor de la carne, de sus excrecencias y anormalidades nosocomiales, experto en el arte de eliminarlas limpiamente: no podría el cura contar con mejor asistente; allí donde la ley moral se extravía, en sus imbricaciones con la corporalidad, allí presta sus servicios el barbero.
No conformes con la hoguera de libros de caballería que generan, se dedican a seguirle los pasos a Don Quijote en sus aventuras, y a traerle de vuelta a su hogar llegado el final de la primera parte de la novela de Cervantes. Le otorgan un mes de reposo, y luego se allegan a su residencia para evaluar si efectivamente se encuentra recuperado de su locura, o si ésta persiste. Y adivinen que concluyen. Cura y barbero, moral y protopsiquiatría; y Don Quijote tan loco como en un principio.
En nuestros días el barbero ha devenido simplemente peluquero. Su otrora autoridad ha sido sepultada por el advenimiento de métodos más eficaces de control, sin embargo la metonimia persiste. Por ya varias generaciones, los adolescentes en busca de diferenciación han innovado en su forma de llevar el cabello, para furia de inspectores, docentes y padres en general. Buscan exteriorizar su afán de conseguir un pensamiento autónomo, lejos de la tradición impuesta por los años que ostentan sus predecesores. Algunos lo consiguen. Otros, sin conseguirlo realmente, perpetúan la extravagancia del corte hasta edades inmerecidas. Los menos, se liberan del peluquero y se cortan el pelo a sí mismos.

1.7.11

Éticas libertarias para el Tercer Milenio: Elogio de Schehrazada


La historia es conocida, pero eso no necesariamente significa que sea recordada. Comenzaré entonces por refrescar la memoria:
Cuéntase –pero Alah es más sabio, más prudente, más poderoso y más benéfico– que en lo que transcurrió en la antigüedad del tiempo y en lo pasado de la edad...”
Un poderoso Rey descubre los libertinos amoríos de su esposa con sus esclavos. Luego de darles muerte, dispone que cada noche su Visir le lleve una muchacha virgen, a quien arrebata la virginidad y manda matar al amanecer. Al cabo de 3 años, sólo quedan en la ciudad las 2 hijas del Visir, quien incapaz de desobedecer el mandato de su Rey, le lleva a la mayor: Schehrazada.
¿De qué magnitud es el poder de este Rey, para que el Visir sea capaz de enviar a la muerte a su propia hija? Su poder se sustenta en las leyes humanas, pero a la vez en la “Ley Divina”. Las religiones monoteístas originadas en el Medio Oriente (judaísmo, cristianismo e islamismo) comparten sus textos sagrados antiguos y las máximas allí presentes. Quien ostenta el poder terrenal, lo hace validado por el poder celestial; lo cual, por cierto, no es garantía de “celestialidad” en las decisiones que toma o en sus actos. El Antiguo Testamento está plagado de relatos de crímenes, asesinatos y relaciones de dominación ejercidas por los gobernantes contra sus súbditos. Y predominantemente contra las mujeres.
El relato del origen de Eva contenido en el Génesis, sea que se le considere en forma literal (existen personas que piensan así) o como narración mítica, sostiene todo un discurso de repudio y consecuente exclusión del género femenino. Surgida a partir de una costilla de Adán, es creada para hacerle compañía; pero acto seguido se vuelve instrumento demoníaco y, en su afán de probar el Fruto del Árbol del Conocimiento, arrastra al Hombre a la perdición y expulsión del Paraíso. Desde entonces, la misoginia se encuentra validada en dichas culturas, y su efecto se extiende durante milenios, hasta nuestros días y nuestra cultura.
¿Qué otra decisión puede entonces tomar el Visir? Su hija mayor será la víctima esta noche, en la próxima lo será su hija menor, y a la siguiente él mismo será el asesinado por no cumplir el mandato del Rey... si es que no decide antes huir.
La historia señala que el Visir sufre por llevar a Schehrazada, pero no refiere que busque otra salida. Lo que el Visir no puede prever es que el Fruto del Árbol del Conocimiento no sólo constituyó una ancestral condena, sino que otorgó a su hija la fuente de su salvación.
Schehrazada no desobedece las leyes, ni siquiera se rebela. Acude al lecho del Rey, y luego de entregarle su virginidad, habla. Y comienza a contar una historia:
He llegado a saber, ¡oh Rey afortunado!, que hubo un mercader entre los mercaderes, dueño de numerosas riquezas...”
Llega el amanecer y la historia está inconclusa... y el Rey decide que no la matará hasta no escuchar el desenlace. Durante su segunda noche con Schehrazada, comienza otra historia que queda inconclusa, y así ocurrirá por las siguientes mil noches y una noche.
El mandato real, el decreto de muerte de la virgen, no se cumple. Y sin embargo, ninguna rebelión ha puesto en duda el poder del Rey, nadie lo ha desafiado... al menos abiertamente. En las mismas fauces del despotismo ha surgido un discurso de liberación, invisible en un primer momento, pero irremediablemente avasallador. Al punto que el propio poder no se da cuenta de lo que está ocurriendo, hasta que ya es demasiado tarde y se encuentra absolutamente seducido y subyugado.
No resulta necesario invocar a la magia para que las palabras sean poderosas y logren cambiar la realidad. La fantástica historia de “Las Mil Noches y Una Noche” no es necesariamente una fantasía. Las palabras son a la vez causas y efectos. Causas de cambios, cuando están organizadas en un discurso efectivo. Efectos de un pensar, que surge de una mente esclarecida y atenta a lo que ocurre en el entorno. Y cuando estas palabras han constituido discurso, y éste ha surgido desde la exclusión, su poder puede resultar avasallador.