23.8.12

La Introducción de los Grundrisse de Marx y su relevancia (4): Comentarios

En textos previos, me he referido a algunos aspectos generales de la Introducción de los Grundrisse de Marx y a sus dos secciones iniciales: la producción en general y la relación general entre la producción, la distribución, el cambio y el consumo. A continuación plantearé algunos comentarios sobre lo ya expuesto.
Las dos primeras secciones de la Introducción de “Grundrisse…” contienen varias críticas planteadas por Marx al análisis tradicional que ha observado en los textos de economía política, a la vez que permiten apreciar su manera de encarar el problema.
Las críticas tienen como elemento común los aspectos relativos al método de análisis. Marx observa que los principales autores de su época (Smith y Ricardo) inician el análisis desde abstracciones, sin considerar las variantes o especificidades de los distintos periodos históricos. Es así como la producción es analizada a partir del individuo (cazador o pescador) pero sin tomar en cuenta que, a lo largo de los siglos, la forma de organización social ha tenido grandes variaciones, y éstas se han reflejado en la producción. Es muy distinto el individuo que produce en forma solitaria para satisfacer sus necesidades (en la ficción de un Robinson Crusoe) que el individuo que produce en el interior de una sociedad que ha distribuido entre sus miembros los medios de producción. El concepto de “robinsonada” es usado en forma crítica tanto en la primera sección de la Introducción de “Grundrisse…” como en la sección “El carácter fetichista de la mercancía y su secreto” del primer capítulo del tomo I de “El Capital”.
El análisis económico que emprende Marx no sólo incluye los elementos históricos propios de cada periodo, sino que además va asociado a aspectos sociológicos, políticos e incluso psicológicos.1 De esta manera, se distancia de los economistas “burgueses” y plantea un método particular, el cual aplica en primer lugar con la producción.
Es habitual en diversos autores iniciar sus análisis con la etimología de cierto concepto, o fijando el momento de su aparición en el habla. Nada más distante del método usado por Marx, quien expone cómo determinado elemento o concepto aparece en nuestro cotidiano, incluyendo las múltiples formas de aparición que puede tener y las distintas relaciones que establece con otros elementos asociados. De esta manera, parte desde la realidad concreta hacia lo abstracto, develando lo que puede estar oculto o subyacente para una mirada general, y exponiendo los distintos niveles de relaciones que determinan su forma particular de aparición.
Es así como llega a plantear la preeminencia de la producción, y como los demás elementos (distribución, cambio y consumo) pueden ser entendidos como momentos de un único proceso. La producción crea el artículo u objeto de consumo, la necesidad y el modo de consumirlo; pero al relacionar éste proceso con la existencia de propiedad privada de los medios de producción, establece al cambio como un elemento propio de la economía burguesa, sustentado adicionalmente por la apropiación efectuada por el capitalista de la fuerza de trabajo del obrero.
A pesar de que “Grundrisse…” no fue escrito originalmente por Marx para ser publicado, sino como apuntes a partir de sus estudios personales, su contenido es altamente relevante. Su lectura es en ocasiones engorrosa, dado su cambiante estilo: por momentos mero esbozo o apunte; en otros detallada y exhaustiva presentación. No obstante estas dificultades, permite un acercamiento al método de análisis, de crítica y de exposición que han sustentado la importancia del pensamiento de Marx hasta nuestros días. A partir de su lectura, pueden aclararse algunos aspectos que en sus obras económicas posteriores son presentados de forma más concisa, a la vez que nos permite apreciar el camino que ha seguido para arribar a ciertas conclusiones fundamentales de dichos textos.

1 Sobre el aspecto psicológico, recuérdese la mención al “objeto interno” que genera la producción.

La Introducción de los Grundrisse de Marx y su relevancia (3): Relación general entre la producción, la distribución, el cambio y el consumo

En textos previos, me he referido a algunos aspectos generales de la Introducción de los Grundrisse de Marx y a su primera sección sobre la producción en general. A continuación se examinará la segunda sección, titulada "Relación general entre la producción, la distribución, el cambio y el consumo".

En los primeros párrafos de esta sección, Marx examina los diferentes rubros con que habitualmente se asocia a la producción. En su exposición no plantea preeminencia de alguna asociación por sobre otra, por lo cual las presento en forma esquemática.
Producción
Los miembros de la sociedad hacen que los productos de la naturaleza resulten apropiados a las necesidades humanas (los elaboran, los conforman)
Distribución
Determina la proporción en que el individuo participa de estos productos
Cambio
Aporta al individuo los productos particulares por los que él desea cambiar la cuota que le ha correspondido a través de la distribución
Consumo
Los productos se convierten en objetos de disfrute, de apropiación individual

Producción
Crea los objetos que responden a las necesidades
Distribución
Reparte los objetos producidos según leyes sociales
Cambio
Reparte lo ya repartido según las necesidades individuales
Consumo
El producto abandona este movimiento social, se convierte directamente en servidor y objeto de la necesidad individual, a la que satisface en el acto de su disfrute

Producción
Punto de partida
Distribución
Momento que parte de la sociedad
Cambio
Momento que parte de los individuos
Consumo
Punto terminal

Producción
La persona se objetiva
Distribución
La sociedad es mediadora, a través de determinaciones generales y rectoras
Cambio
La mediación se opera a través del fortuito carácter determinado del individuo
Consumo
La cosa se subjetiva


SILOGISMO (observable en la asociación)
Producción
Término universal
Distribución
Término particular
Cambio
Consumo
Término singular

Producción
Determinada por leyes generales de la naturaleza
Distribución
Resulta de la contingencia social, y por ello puede ejercer sobre la producción una acción más o menos estimulante
Cambio
Movimiento formalmente social
Consumo
A la vez término y objetivo final

Luego de presentar estas asociaciones, analiza en más detalle la producción y su relación con los demás elementos.

Consumo y producción:
Marx plantea el triple aspecto de la identidad entre consumo y producción:
  1. Identidad inmediata:
La producción es inmediatamente consumo, de dos maneras:
  • Es consumo de las capacidades del individuo en el acto de producción
  • Es consumo de los medios de producción empleados y de la materia prima
Los economistas estudiados por Marx aceptan esta identidad de la producción y del consumo, y la llaman consumo productivo. Este concepto les permite separarlo del consumo propiamente dicho, que resulta “aniquilador de la producción”.1
A su vez, el consumo es inmediatamente producción. Esto ocurre en la producción consumidora, en la cual el hombre, al consumir, se va produciendo a sí mismo (p. ej. al comer y asimilar el alimento) a la vez que aniquila el primer producto.
En el consumo productivo, el productor se objetiva; en la producción consumidora, la cosa creada se personifica (tal como se señala en el 4º esquema previamente presentado).
  1. Como medios uno del otro
Producción y consumo son simultáneamente opuestos e interdependientes. Aparecen como medios el uno del otro y mediados por ellos mismos, estableciendo una dependencia recíproca. La producción crea el “objeto exterior” que será consumido; el consumo crea la necesidad como “objeto interno” que será finalidad de la producción. A decir de Marx, "sin producción no hay consumo, pero sin consumo tampoco hay producción ya que en ese caso la producción no tendría objeto".2
  1. Cada uno de los términos, al realizarse, crea al otro y se crea en cuanto otro
El consumo produce la producción de dos maneras:
  • El producto se hace realmente producto sólo en el consumo, cuando es objeto para el sujeto (previo a esto lo es potencialmente)
  • El consumo crea la necesidad de una nueva producción, el móvil ideal de la producción, ya que genera un objeto interno (subjetivo) en el consumidor. "Sin necesidades no hay producción. Pero el consumo reproduce las necesidades".3
A su vez, la producción crea el consumo de tres maneras:
  • Proporcionándole su material, su objeto.
  • Otorga al consumo su carácter determinado, al proporcionarle su objeto determinado y su modo de ser consumido (p. ej. el hambre como necesidad puede satisfacerse tanto comiendo carne cruda con las manos, como comiendo carne asada con cuchillo y tenedor). La producción crea el consumidor.
  • Provocando en el consumidor la necesidad de productos que se han creado originalmente como objetos, es decir, creando el impulso al consumo.
La producción crea los objetos requeridos para el consumo, y éste a la vez crea el sujeto para el cual dichos objetos son producto.
En el consumo, el producto alcanza su consumación como producto, a la vez que el productor se hace productor. En la producción se crea el modo determinado de consumo, se crea luego el atractivo del consumo, y a través de éste la capacidad misma de consumo convertida en necesidad.

Distribución y producción:
Marx plantea que en la sociedad, la relación entre el productor y el producto terminado es exterior, y el retorno del objeto al sujeto depende de las relaciones de éste con los otros individuos, mediado por la distribución. Señala además que en los tratados corrientes de economía “… los modos y relaciones de distribución aparecen sólo como el reverso de los agentes de producción”.4
Producción
Tierra
Trabajo
Capital
Distribución
Renta territorial
Salario
Interés/Ganancia

Es así como la organización de la distribución queda determinada por la organización de la producción, a la vez que ella misma es un producto de la producción. “… el modo determinado de participación en la producción determina las formas particulares de la distribución, el modo bajo el cual se participa en la distribución”.5
Señala a continuación que economistas como Ricardo han definido como objeto exclusivo de la economía a la distribución y sus formas, concebidas como la expresión más definida en que se fijan los agentes de la producción en una sociedad dada.
Frente al individuo aislado (en este caso el proletario) la distribución aparece como ley social que condiciona su posición en la producción; está destinado al trabajo asalariado, ya que no posee ni capital ni propiedad territorial. Al considerar sociedades globales, la distribución aparece en cierto modo como un hecho pre-económico que determina la producción.
Puntualiza, además, que previo a ser distribución de los productos ella es:
  • Distribución de los instrumentos de producción
  • Distribución de los miembros de la sociedad entre las distintas ramas de la producción; es decir, subsunción de los individuos en determinadas relaciones de producción
La distribución de los productos es resultado de esta distribución previa, incluida en el proceso mismo de producción y que determina la organización de la producción. Por lo tanto, la distribución constituye un momento de la producción.
La distribución de los instrumentos de producción precede y constituye la premisa de la producción. Estos supuestos, en un primer momento naturales, por el mismo proceso de producción se vuelven históricos. Por ejemplo, el uso de la maquinaria ha modificado tanto la distribución de los instrumentos de producción como la de los productos. De allí que Marx plantee la pregunta “¿Cómo inciden las condiciones históricas generales en la producción y cuál es la relación que mantienen con el movimiento histórico en general?”6
A modo de respuesta, analiza las posibilidades que surgen a partir de las conquistas:
  1. Los conquistadores imponen al pueblo conquistado su propio modo de producción
  2. Los conquistadores dejan subsistir el modo de producción del pueblo conquistado y cobran tributo
  3. Se genera un nuevo modo de producción a partir de los modos propios de conquistadores y conquistados (es decir, una síntesis)
Cualquiera de los tres modos de producción resultará determinante para la nueva distribución que se establecerá, que a su vez es producto de la producción histórica (tanto general como determinada).

Cambio (o circulación) y producción:
Marx plantea que el cambio es el momento mediador entre la producción (y la distribución que ella determina) y el consumo, y por lo tanto es también un momento de la producción.
El cambio se encuentra directamente incluido en la producción o determinado por ella:
  1. No existe cambio sin división de trabajo (sea ésta natural o un resultado histórico)
  2. El cambio privado presupone la existencia de producción privada
  3. La intensidad, la extensión y el índole del cambio están determinados por el desarrollo y la organización de la producción.

A modo de conclusión de esta segunda sección, Marx plantea:
  1. Producción, distribución, cambio y consumo son articulaciones de una totalidad, y por lo tanto son momentos de la producción
  2. A partir de la producción, el proceso recomienza
  3. Los otros momentos tienen la capacidad de determinar y modificar la producción
  4. Entre los diferentes momentos tiene lugar una acción recíproca, que es la que permite su influencia sobre la producción

En un último texto comentaré alguno de los puntos presentados en éste y en los previos.


1 MARX, K. Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política. México DF: Siglo XXI, 2007. Pág. 11
2 Ibíd.
3 Ibíd. Pág. 12
4 Ibíd. Pág. 15
5 Ibíd. Pág. 16
6 Ibíd. Pág. 18

La Introducción de los Grundrisse de Marx y su relevancia (2): La producción en general

En un texto previo me he referido a algunos aspectos generales sobre los Grundrisse de Marx, para abordar aquí el tema de la producción en general.

En primer lugar, se analiza lo planteado por Adam Smith en “Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones” (1843) y por David Ricardo en “Principios de economía política y tributación” (1821), quienes toman como punto de partida del análisis al cazador o pescador solos y aislados. Marx critica esta forma de análisis ya que constituye una abstracción, un desconocer los antecedentes históricos existentes y los aspectos sociales del hombre, que “… hacen de él una parte integrante de un conglomerado humano determinado y circunscrito”.1 Considera que el individuo a través de la historia ha sido en realidad un productor dependiente, y ha formado parte de un todo mayor: inicialmente una familia, que luego se ha unido a otras para formar una tribu, a partir de las cuales han surgido comunidades y, llegada la edad moderna, éstas han dado paso a la sociedad civil.
Para Marx resulta fundamental establecer que, al referirse a la producción, se está refiriendo a la producción en un estadio determinado del desarrollo histórico y social. El tema específico a analizar en su escrito será la moderna producción burguesa. Dado que su propuesta es contraria a las abstracciones será necesario, además, analizar los elementos o factores asociados a la producción, y cómo ésta no es posible sin la existencia de instrumentos de producción y de un trabajo pasado, acumulado u objetivado. A lo largo de la historia los instrumentos de producción han variado, pudiendo entenderse como tales desde la mano del individuo primitivo hasta el capital.
En segundo lugar, critica que habitualmente se presente a la producción como regida por leyes naturales eternas, independientes de la historia, lo cual da pie a considerar las relaciones burguesas como leyes naturales inmutables de la sociedad. Asimismo, se presenta como ley natural e inmutable a la propiedad, justificando así su protección por medio de la justicia y la policía, ya que “… toda forma de producción engendra sus propias instituciones jurídicas, su propia forma de gobierno”.2 Por el contrario, para Marx la historia muestra cómo por mucho tiempo persistió la forma primigenia de propiedad común.

En un texto siguiente abordaré la sección titulada "Relación general entre la producción, la distribución, el cambio y el consumo".

1 MARX, K. Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política. México DF: Siglo XXI, 2007. Pág. 3
Ibíd. Pág. 8

La Introducción de los Grundrisse de Marx y su relevancia (1): Aspectos generales

Habitualmente se considera a “El Capital” como la obra cúlmine de Karl Marx; sin embargo, muchos de sus escritos previos (publicados o no por él mismo) contienen reflexiones críticas que resultan precursoras de dicha obra.
Luego de ser expulsado de París, Marx se trasladó a Londres, donde residió desde 1849 hasta su muerte en 1883. En sus primeros años en dicha ciudad, destinó gran parte de su tiempo a una exhaustiva lectura de los textos sobre Economía Política albergados en la biblioteca del Museo Británico. Los últimos años de la década de 1850 estuvieron marcados por diversas enfermedades de Marx y por serias dificultades económicas, tal como queda reflejado en los fragmentos de cartas que Marcello Musto cita en su trabajo "Marx, la crisis y los Grundrisse”. La crisis financiera de los años 1856 a 1858 hizo resurgir en él y en su compañero Friedrich Engels la esperanza de la revolución obrera contra la sociedad burguesa, convirtiéndose en un fuerte estímulo para continuar su trabajo intelectual pese a las dificultades monetarias y de salud.
Los manuscritos del periodo 1857 a 1858 contienen el resultado de quince años de investigaciones en el ámbito de la economía política. Tal como señala el propio Marx en una carta a Ferdinand Lasalle, fechada 22 de febrero de 1858:
"… hay temas que durante muchos años han sido objeto principal de las pertinentes investigaciones y […] muestran constantemente nuevos aspectos y exigen nuevas reflexiones".1
El material contenido en estos 7 cuadernos manuscritos fue usado por Marx como base para la redacción de “Contribución a la crítica de la economía política” (1859) e incluso de “El Capital” (1867).2 Por la importancia, tanto del material que contienen como por ser una muestra del método de estudio y análisis de Marx, fueron publicados en 1939-41 por el Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, bajo el título de “Grundrisse der Kritic der politischen Ökonomie (Rohentwurf) 1857-1858” ("Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política” en la traducción al español consultada). Marx, en la misma carta a Lasalle ya mencionada, se refiere al contenido de dichos manuscritos:
"… es la crítica de las categorías económicas o, if you like [si prefieres], el sistema de la economía burguesa expuesto de manera crítica. Es a la vez la exposición del sistema y, a través de esa presentación, la crítica del mismo".3
La Introducción de “Grundrisse…”, redactada entre agosto y septiembre de 1857, está dividida en las siguientes secciones:
  1. La producción en general
  2. Relación general entre la producción, la distribución, el cambio y el consumo
  3. El método de la economía política
  4. Medios (fuerzas) de producción y relaciones de producción, relaciones de producción y relaciones de tráfico, etc.
En esta serie de textos me referiré a los aspectos principales contenidos en las 2 primeras secciones, para luego comentar algunos de los puntos presentados.


1 MUSTO, M. Marx, la crisis y los Grundrisse. Pág. 7
2 Lo cual se hace evidente al comparar, por ejemplo, el inicio del primer capítulo de ambas obras, y observar la similitud de forma y contenido existente entre ellos.
3 MARX, K. Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política. México DF: Siglo XXI, 2007. Pág. xliii

2.7.12

Esbozos numerológicos: El 5

El Cinco (o la Quintaesencia) se constituye como un paso que permite la superación, desde el dominio de la Materia (expresado numerológicamente por el cuaternario) al de la Vida y de la Inteligencia (quinario).

Para la gran mayoría de las antiguas cosmogonías occidentales, el mundo material consta de cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego. La combinación de éstos, en distintas proporciones, generaría el mundo que nos rodea. Sin embargo, el misterio de la vida en general, y de la existencia humana en particular, sobrepasa la comprensión lograda a partir de esta tétrada. Es así como se invoca un quinto elemento para lograr dar cuenta de esta innegable complejidad. Habitualmente se le ha llamado éter y se le ha considerado indestructible e incorruptible, un elemento puramente espiritual, una manifestación del espíritu cósmico, tal y como se ha considerado al alma humana.


Alquímicamente, la Quintaesencia o el quinario es representado por el "Mercurio Filosófico" (unión del Azufre con la Sal), siendo el centro de la cruz que simboliza las polaridades del mundo de la materia (unión de los dos principios primordiales). Es, en este sentido, espiritualización de la Materia.


Desde antaño, el pentáculo o estrella de cinco puntas ha sido usado como símbolo mágico. Dicho emblema, dispuesto con un vértice hacia arriba, puede alojar en su interior la representación del Ser Humano, lo que la enlaza con el simbolismo previamente expuesto de la Quintaesencia. (Invertido, con dos vértices hacia arriba y uno hacia abajo, aloja la cabeza del macho cabrío).


En el Tarot de Marsella, el Arcano V es "El Papa", tradicionalmente concebido como el natural puente o mediador entre el mundo de los hombres (material) y el mundo divino suprasensible. Mismo rol que han tenido los Sumo Sacerdotes en otras culturas y tiempos.


Este trayecto, desde la Materia hasta el Hombre a través del número 5, encuentra además referencias en nuestro propio cuerpo. Espiritualización de la Materia, potencialidad de trascendencia intrínseca a nuestra condición humana, posibilidad de comprender la materialidad a través del intelecto. Los cinco sentidos nos permiten percibir el mundo por medio de las sensaciones corporales, mientras los cinco dedos de la mano nos permiten actuar sobre nuestro entorno.

10.6.12

Éticas libertarias para el Tercer Milenio: Elogio de la Fraternidad


"Libertad, Igualdad, Fraternidad".
La proclama de la Revolución Francesa resulta inspiradora en el quehacer cotidiano, aunque puede ser objeto de reflexión sobre su real materialización. A partir de la Revolución Francesa, puede constatarse un continuo proceso de salvaguarda de dichos principios, contenidos ya en el Artículo Primero de la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” (1789): 


"Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”

Es así como leyes y disposiciones, en diversas naciones, han intentado asegurar la Libertad de conciencia, de expresión, de movimiento de las personas; así como la Igualdad ante la ley, ante el acceso a bienes y servicios, ante las oportunidades de desarrollo humano. Nuestra experiencia de vida nos muestra estos principios en su cotidianidad, y cada uno de nosotros encontrará múltiples ejemplos a lo anteriormente planteado.

Pero pareciera ser que la Fraternidad no se encuentra en el mismo grado de desarrollo. A primera vista, pareciera que las leyes o disposiciones no logran dar cuenta de ella, quedando dicho principio fuera de la Declaración de Derechos de 1789. (Y, sobre este punto, Jacques Derrida en Canallas va incluso más lejos: "… si los revolucionarios de 1789 dudaron tanto tiempo en inscribir en el lema republicano la palabra «fraternidad», que no aparece ni en la Declaración de los derechos del hombre, ni en la Constitución de 1793, ni en la Carta de 1830, sino únicamente en un añadido a la Constitución de 1791, es debido a la connotación fuertemente cristiana de dicha palabra. […] François Furet y Mona Ozouf dicen que es «el parentesco entre el cristianismo y la Revolución el que explica la aparición de la fraternidad junto a la libertad y a la igualdad, para completar aquello que ya se sentía como una Trinidad diferente»"). Tanto la Libertad como la Igualdad implican un ámbito de interrelación que puede ser supervisado, en este caso, por el Estado y sus diversos agentes: se encuentran bajo la mirada de lo abiertamente público. La Fraternidad, en cambio, se da en un ámbito de interrelación más íntimo, privado o cercano, quedando fuera de una posible supervisión; es una actitud individual que puede apoyarse en los otros principios, pero, esencialmente, es una disposición de vida. 

Si se la considera como un sentimiento, la Fraternidad busca establecer y mantener relaciones no sólo de igualdad entre las personas, sino de genuino afecto y respeto, tal y como se espera que ocurran entre verdaderos hermanos.
Practicar la Fraternidad en la cotidianidad es un desafío mayor. Claude Levi-Strauss, en una conferencia en la UNESCO en 1971, lo expresó de esta manera:

"Nos forjamos sin duda la ilusión de que la igualdad y la fraternidad reinarán algún día entre los hombres, sin que corra peligro su diversidad”

2.4.12

La tecnología al servicio de la exclusión: El código QR


“Sin embargo, la intensificación del progreso parece estar ligada con la intensificación de la falta de libertad. A lo largo de todo el mundo de la civilización industrial la dominación del hombre por el hombre está aumentando en dimensión y eficacia.”
Herbert Marcuse, Eros y civilización (1958)

La eterna promesa de la técnica es proporcionarnos más “tiempo libre”. Libre para el ocio, para el descanso, para lo que queramos, pero más tiempo. Secundariamente (o al menos secundariamente ante una visión ingenua) facilita un ordenamiento social, una optimización del proceso productivo, la maximización de las ganancias económicas, la facilitación de la recopilación y almacenamiento de información (fin muchas veces no declarado).
El discurso oficialmente inculcado es que la tecnología está llegando a todos: disminución en el precio de venta de artículos tecnológicos, masificación de internet, inclusión de dispositivos tecnológicos en establecimientos educacionales. La democratización de la tecnología nos beneficia a todos por igual. O nos beneficiaría, si no se es tan optimista como el discurso oficial.
Hace algunos días me relacioné por primera vez con los “códigos QR”, presentes como infografía en una exposición de museo y dando la opción de “descarga más información”. Lo que me pareció más llamativo, es que desde la página de inicio del museo no es posible acceder a la página que alberga la información asociada al código QR, no hay enlaces que dirijan a ella.
Luego, viajando en el Metro, pude observar múltiples avisos en los que figura el código QR, principalmente de universidades que ofrecen cursos de postítulo en áreas de negocio o economía; además de una cadena de supermercados que da la opción de comprar productos básicos desde el andén del Metro y después recibirlos en casa, siempre y cuando se viva en comunas “ABC1” de Santiago.
Todos estos códigos conducen a páginas web, las cuales podrían figurar en dichos avisos con su url habitual, pero por supuesto, sería necesario escribirlas para acceder a ellas. El código QR facilita el proceso, reduce el tiempo necesario para acceder a la página, a la vez que se vuelve exclusivo y excluyente. Exclusivo para quienes poseen teléfonos de última generación, con cámara fotográfica incorporada, aplicación de lector de códigos QR y conexión a Internet. Excluyente para todo el resto, ya que ni siquiera da la opción de copiar la dirección url para buscar la página desde un computador con conexión tradicional a Internet.
Algunos denominarán a esto “segmentación del mercado”, usarán términos como “público objetivo”, intentarán centrarse en las ventajas inherentes a esta tecnología. Para mí, esto es tecnología al servicio de la exclusión.

26.9.11

Éticas libertarias para el Tercer Milenio: Postporno y Pornoterrorismo


En “Cómo reconocer una película porno”, Umberto Eco propone como criterio a seguir el “cálculo de los tiempos muertos” cinematográficos, aquellas escenas en las cuales “no pasa nada” en términos narrativos, lo que resulta imprescindible para lograr un aspecto de “normalidad” en la historia relatada. Extrañamente, no propone como criterio la existencia de la transgresión, ya que como señala en ese mismo texto ésta debe presentarse subsidiaria de lo cotidiano:
“… la película pornográfica debe representar la normalidad –esencial para que pueda adquirir interés la transgresión– tal y como cada espectador la concibe”.

Tal como propuse en un escrito previo, el porno se ha vuelto una caricatura de la transgresión, y la ha reducido a la mecánica representación de ciertos estereotipos de sexo y género. Sin embargo, la represión no logra acallar del todo esa fuerza inmanente a la transgresión (en este caso sexual).
Jean Baudrillard, en su libro “De la Seducción”, presenta a la obscenidad (pese a lo añejo que pueda resultar el término en esta sociedad hipersexuada) como aquel elemento residual de resistencia, que aún puede superar la restricción y expresarse en su ausencia de límites.
Sin embargo, la obscenidad no es el porno. La obscenidad tradicional aún tiene un contenido sexual de trasgresión, de provocación, de perversión. Juega con la represión, con una violencia fantasmática propia”.
Allí, en ese límite que se vuelve frontera a traspasar, el porno se repliega en su impostura y deja su lugar para permitir el surgimiento del postporno y del pornoterrorismo.

Con su estética post-punk, su abundancia de prendas de látex negro y rojo, sus amenazantes puntas metálicas, pero por sobretodo, con su propuesta eminentemente creíble de una transgresión sexual que perfectamente puede ser cotidiana, el postporno se instala como el verdadero “modelo/ideal” a partir del cual el porno ha esbozado su imagen burdamente caricaturesca. Aquí aparece la fantasía-creación, que en el porno comercial sólo alcanza a ser fantástico-ilusorio. Aquí no se requiere de los tiempos muertos, porque la imagen de normalidad viene asegurada por la estética cotidiana de sus protagonistas y por la ausencia de toda escenografía (por lo demás, inútil).

Emergiendo de la matriz del postporno, la sucesión de transgresiones se vuelve fructífera, dando paso a nuevos conceptos o personajes conceptuales, lúdicxs, provocadorxs, explosivxs. Uno de ellos, el pornoterrorismo:
Se trata de un nueva máquina de guerra, poderosa y potente: arma eficiente que cuenta con manifiesta potencia de destrucción y creación propia de las bestias mitológicas. Es el fruto desviado, el vástago inconfeso, del cruce de una noche de juerga entre el accionismo vienés y la postpornografía”.

La adaptación al contexto, o más precisamente la reinvención permanente de lo que se debiera entender por pornoterrorismo, queda explícita en la última frase de su Manifiesto: Interverní. Este manifiesto será re-escrito una y mil veces por todas...”
A fin de cuentas, es la única forma de asegurar la permanencia en el tiempo de una transgresión: generar respuestas transitorias secuenciales que logren disolver los límites de las estructuras/categorías.

Rancios métodos de control: El porno como caricatura de la transgresión


Reiteradamente he oído/leído que a nivel mundial las industrias más lucrativas son: 1) la pornografía, 2) la venta de armas, y 3) las farmacéuticas. Nunca he podido dar con la fuente de esta aseveración, y sin embargo el poco sentido común que creo tener me hace tomarla por cierta.
La sexualidad como práctica o ejercicio corporal (más allá de la pura genitalidad) ha estado durante demasiados siglos aprisionada por la moral "occidental" de origen judeo-cristiano, y por lo tanto (al menos teóricamente) confinada al plano de “lo privado”, encadenada al concepto de “intimidad”, excluida del habla cotidiana “de buen gusto”.
Michel Foucault lo sintetiza en su “Historia de la Sexualidad: La Voluntad del Saber” con la siguiente propuesta: “... el puritanismo moderno habría impuesto su triple decreto de prohibición, inexistencia y mutismo.” Lo coloca en condicional (“habría...”) pues a continuación plantea que a nivel de discurso la sexualidad ha logrado hablar a entes específicos a quienes la sociedad ha conferido dicho poder: a los sacerdotes durante la confesión y a los psicoanalistas durante el análisis.

¿Qué surge ante lo prohibido? El deseo. ¿Qué surge ante lo oculto? La curiosidad. ¿Qué surge ante lo desconocido? La fantasía. Las cartas están echadas: ante una práctica sexual invisible, surge el porno. Antaño estampas dibujadas. Luego, fotografías. Últimamente, filmaciones. (Mención aparte: el burdel como lugar que surge en los linderos de lo real, inexistente como aparato productivo en un sentido económico oficial, a la vez que próspero negocio para algunos).
El porno presenta la estereotipia de la imagen corporal de cada género llevada a su punto de cristalización: hombres esbeltos y musculosos, mujeres lúbricas y exuberantes. Como producto cinematográfico destinado al consumo masivo, su canon estético es el de la sociedad de consumo: aquella figura corporal que sólo se consigue luego de adquirir onerosos productos dietéticos u hormonales, o de haber “invertido” en cirugías estéticas y prótesis siliconadas diversas.
Sin embargo, lo que el porno muestra no es la práctica sexual, ni siquiera las fantasías de sus espectadores: muestra lo fantástico, esa quimera que surge a partir de lo no-visto. Las escenas presentadas por el porno distan tanto de las practicadas por la mayoría de las personas como la Tierra dista del centro de la Galaxia (lugar de ese enigmático hoyo negro de la astrofísica). ¿Es imaginable un porno canino, que muestre las prácticas sexuales de los perros...? Nada más inútil, basta con pasearse despreocupadamente por las calles para ver a los cachupines “haciendo eso...”
A la vez, los roles de cada uno de sus protagonistas caen en ese encasillamiento pétreo que los inmoviliza y los deja imposibilitados de cualquier esbozo de variante lúdica. La normatividad penetra y se apropia de la que debiera ser una de las mayores manifestaciones de transgresión.

Jean Baudrillard, en su libro "De la Seducción", presenta al porno como la rigidización sublime de lo fantástico-ilusión en oposición a la fantasía-creación:
Al contrario, el porno añade una dimensión al espacio del sexo, lo hace más real que lo real — lo que provoca su ausencia de seducción.
Inútil buscar qué fantasmas obsesionan a la pornografía (fetichistas, perversos, escena primitiva, etc.), pues están eliminados por el exceso de «realidad».
Visto de muy cerca, se ve lo que no se había visto nunca — su sexo, usted no lo ha visto nunca funcionar, ni tan de cerca, ni tampoco en general, afortunadamente para usted. Todo eso es demasiado real, demasiado cercano para ser verdad. Y eso es lo fascinante, el exceso de realidad, la hiperrealidad de la cosa.”

¿Qué queda, cuando incluso en el último reducto dónde debiera cobijarse la liberalidad de la transgresión, aparece la estructura hipernormativa de categorización del sujeto? Allí, donde el porno se vuelve una caricatura de la transgresión, surge el postporno y el pornoterrorismo.

5.9.11

Rancios métodos de control: La patologización del descontento


Las imágenes de violencia callejera y disturbios ocurridos en Inglaterra hace unas semanas fueron transmitidas por TV, prensa y sitios de internet a destajo. Parecía extraño que en un país de primer mundo ocurrieran sucesos propios de países tercermundistas o ex-colonias del Imperio Británico. O al menos ese era el tenor de los comentarios que acompañaban a las imágenes.
Mientras las veía, recordaba fragmentos de “La Naranja Mecánica” de Stanley Kubrick, película en la que Alex y sus amigos mostraban comportamientos no tan diferentes a los que se transmitían en vivo y en directo en esos momentos. Y me preguntaba cuánto tiempo pasaría hasta que, tal como en la película, se hablara de “enfermedad” para intentar explicar los actos violentos. Para mi sorpresa, fue el propio Primer Ministro Británico David Cameron quien usó la expresión, a 4 días de iniciados los disturbios. Habló de sectores de la sociedad enfermos, de mala crianza de los hijos, de falta de valores éticos. Lo único que faltó es que dentro de sus medidas propusiera la implementación masiva de la técnica de Ludovico para “tratar” a esta manga de Alex subversivos.
Se ha hecho demasiado común en el último tiempo patologizar el descontento. Habiendo multitud de condiciones sociales que permiten al menos comprender (y hasta tal vez explicar) el complejo escenario en el cual emerge la violencia hacia el sistema social establecido con sus abismantes desigualdades, pareciera ser que es más sencillo hablar de enfermedad. Con lo cual se vuelve a una estructura propia de varios siglos atrás, donde se recluía en un mismo espacio físico a los sin hogar, los ladrones y los afectados por enfermedades mentales o neurológicas. Por cierto, Chile no ha escapado a esta tendencia. Baste con recordar al tristemente célebre Cisarro y su bullado tratamiento en el Hospital Calvo Mackenna.
¿Que hay detrás de este gesto de quienes ostentan el poder, de este confinar al “desadaptado” dentro del ámbito médico? Pareciera ser que la sociedad no logra concebir el malestar como algo “normal”. Dentro de los discursos exitistas, de crecimiento económico de los países, de contar con bienes de consumo disponibles en abundancia, quienes se atreven a señalar su malestar por no estar incluidos dentro de los beneficiados aparecen como extraños. Mejor llevarlos al médico, para que los trate y los devuelva recuperados.
El descontento, el malestar, la ira, todos son emociones y sentimientos naturales al ser humano. La violencia puede manifestarse a partir de ellos, y por lo tanto no constituye una anormalidad. Puede ser que en ciertos contextos esta violencia sea catalogada como ilegal o constituya delito, pero eso no la convierte en una anormalidad. El Experimento de la Prisión de Stanford realizado hace 40 años atrás mostró que bastan unas pocas “condiciones extremas” para que surja el sadismo y la violencia en personas que previamente no habían tenido conductas de ese tipo.
No deja de ser extraño que quienes, como el Primer Ministro Británico, buscan castigar ejemplarmente este tipo de comportamientos al definirlos como ilegales, pasen por alto el hecho que muchos de quienes han actuado con violencia en estos disturbios han sido vulnerados en sus derechos sociales y laborales por instituciones dependientes del propio Estado. Por lo tanto, también han sido víctimas de actos ilegales, una violencia enmascarada por actos y omisiones de quienes ostentan el poder.