
Herbert
Marcuse, Eros
y civilización (1958)
La eterna promesa de la técnica es
proporcionarnos más “tiempo libre”. Libre para el ocio, para el
descanso, para lo que queramos, pero más tiempo. Secundariamente (o
al menos secundariamente ante una visión ingenua) facilita un
ordenamiento social, una optimización del proceso productivo, la
maximización de las ganancias económicas, la facilitación de la
recopilación y almacenamiento de información (fin muchas veces no
declarado).
El discurso oficialmente inculcado es
que la tecnología está llegando a todos: disminución en el precio
de venta de artículos tecnológicos, masificación de internet,
inclusión de dispositivos tecnológicos en establecimientos
educacionales. La democratización de la tecnología nos beneficia a
todos por igual. O nos beneficiaría, si no se es tan optimista como
el discurso oficial.
Hace algunos días me relacioné por
primera vez con los “códigos
QR”, presentes como infografía en una exposición
de museo y dando la opción de “descarga
más información”. Lo que me pareció más llamativo, es que
desde la página de inicio del museo no es posible acceder a la
página que alberga la información asociada al código QR, no hay
enlaces que dirijan a ella.
Luego, viajando en el Metro, pude
observar múltiples avisos en los que figura el código QR,
principalmente de universidades que ofrecen cursos de postítulo en
áreas de negocio o economía; además de una cadena
de supermercados que da la opción de comprar productos básicos
desde el andén del Metro y después recibirlos en casa, siempre y
cuando se viva en comunas “ABC1” de Santiago.
Todos estos códigos conducen a páginas
web, las cuales podrían figurar en dichos avisos con su url
habitual, pero por supuesto, sería necesario escribirlas para
acceder a ellas. El código QR facilita el proceso, reduce el tiempo
necesario para acceder a la página, a la vez que se vuelve exclusivo
y excluyente. Exclusivo para quienes poseen teléfonos de última
generación, con cámara fotográfica incorporada, aplicación de
lector de códigos QR y conexión a Internet. Excluyente para todo el
resto, ya que ni siquiera da la opción de copiar la dirección url
para buscar la página desde un computador con conexión tradicional
a Internet.
Algunos denominarán a esto
“segmentación del mercado”, usarán términos como “público
objetivo”, intentarán centrarse en las ventajas inherentes a esta
tecnología. Para mí, esto es tecnología al servicio de la
exclusión.